martes, 26 de agosto de 2008

EL HIGHLANDER SILENCIOSO - CAPITULO 4

Capítulo 4

Mairi descendió la escalera y retomó su lugar de vigilia al lado de su padre. Rob no le habló de la promesa que había hecho . A la mañana siguiente se la llevaría lejos del único hogar que ella había conocido . Y no sería una partida tranquila. Ella tendría una despedida aún más triste que soportar antes de que llegase ese momento . El se sentó a su lado , en el banco, viéndola inclinarse vencida por el sueño, sus codos apoyados en la mesa donde su padre yacía.
De repente, Mairi se enderezó con un salto, como para exorcizar el sueño.
- Qué pasa ? - preguntó Rob.
- Oíste ? El gallo cantó - ella murmuró. Rob casi no comprendió las palabras. - Ya es de mañana.
Lord Maclnness volvió su cabeza y sonrió, en un adiós para ambos.
- Cuídala ... - él dijo, y exhaló su último suspiro, pareciendo feliz de entregarse a la paz de la muerte.
Noble hasta el final, pensó Rob, admirando al hombre por enfrentar la muerte como lo había hecho . No con remordimientos y lamentos. Sólo con una sonrisa y una orden respecto a la seguridad de su hija. Rob se sentiría orgulloso de poder morir así. Y Rob vio ese orgullo reflejado en las caras de los hombres de Maclnness.
Los delicados dedos de Mairi temblaron cuando ella cerró los ojos sin vida de su padre .El cansancio , el dolor y el pesar habían empalidecido sus facciones. Su cuerpo estaba rígido por una tensión insoportable que a él le gustaría poder aliviar. Sería mejor que ella se liberase de su angustia y se consolase en ese momento .
No, él pensó, recriminándose a sí mismo. Ella no se consolaría ni aunque que llorase por días o meses. Nadie se resignaba a la muerte de un ser amado tan fácilmente.
Rob apenas podía imaginar la terrible e inmensa tristeza que sentiría para siempre si perdiese al hombre que trataba como su padre.
El sentimiento que tenía con su padre biológico era completamente diferente . Si hubiese podido , a los diez años de edad, Rob habría mandado realizar una celebración para festejar la muerte de ese hombre, por sí mismo, por su madre, y por todos los otros en Baincroft que habían sufrido crueldad de ese hombre tiránico . Aún ahora, tantos años después , él no podría soportar llamar ese hombre padre.
Pero luego el conde de Trouville había llegado de Francia para casarse con la viuda. No podía existir un hombre más perfecto, Rob había decidido poco después de conocerlo. Todavía hoy creía que era un hombre extraordinario .
En todas las cosas, Rob luchaba diariamente para asemejarse al ideal del conde de Trouville . El hijo biológico de Trouville, Henri, era hermano de Rob, por el lazo afectivo . Y estaba seguro que un día la muerte del conde de Trouville iba a causar un dolor insoportables en sus hijos
No, no podía esperar que la tristeza de Mairi desapareciese en tan corto espacio de tiempo.
Quien sabe quizás ella jamas se repusiese , ya que ella y el viejo lord obviamente se amaban verdaderamente.
Rob se aproximó a ella por detrás y la sujetó por los brazos, alejándola del cuerpo del Lord.
Aunque Mairi se resistió, él la hizo darse vuelta y la hizo mirarlo , mientras la envolvía en sus s brazos.
- Llora ahora - él sugirió.
Por un instante, ella luchó, empujándolo y golpeando su pecho con toda la fuerza que la proximidad entre ellos dos lo permitía. Luego , de repente, ella cayó sobre él, sus hombros delicados sacudiéndose con sollozos.
- Es lo mejor - Rob murmuró, contra los cabellos sedosos que se habían escapado de sus trenzas. Pasó las manos por su espalda, acariciándola y consolándola.
Por sobre su cabeza, él lanzó una mirada sombría a todos los que los rodeaban , hasta que ellos se apartaron , para darle a Mairi privacidad en su llanto.
Esperó pacientemente hasta que su esposa se recompuso, reprimiendo el llanto . Luego , la tomó por los hombros y la separó suavemente hasta poder verle el rostro, devastado por el dolor. Era adorable , aún con los estertores del llanto .
Rob le rozó la cara con el dedo.
- Debemos irnos ahora - él dijo, esperando que sus palabras sonasen gentiles como él pretendía.
-- Irnos ? - ella repitió , los ojos muy abiertos buscando los de él, procurando entender.
- Si. Ahora. Nos vamos a Baincroft.
Ella se apartó de él, horrorizada.
- No, no podemos. Y qué será de papá?
Casi desesperada, ella volvió a la mesa donde estaba el cuerpo. Agarró la manga ensangrentada de la túnica del viejo lord.
- Se lo prometí a él -- le explicó Rob, pronunciando cada palabra en tono claro y firme, dispuesto a vencer cualquier argumento, sabiendo que ella iba a aferrarse a cualquier coda para conseguir lo que quería. Estaba inseguro de poder negarle algo a Mairi , en ese estado, a menos que se resguardase de sus súplicas. - Nos Iremos ahora - él repitió determinadamente .
Mairi se lanzó sobre él, empujándolo por la espalda .
- Vete entonces! Sal de aquí inmediatamente ! Cobarde! Poco hombre! Si piensas que voy a irme …
El resto de sus palabras se perdieron cuando él la tomó por los brazos y le sujetó los puños, los ató con su chal .
Lo apenaba tener que restringirla, aunque fuese necesario por su propia protección. Mairi nunca iba a partir de buena voluntad , pero debía iba a hacerlo. A cualquier precio . Por encima de todo, él debía velar por su seguridad, como su padre le había pedido.
Con Maclnness muerto y con la partida de Mairi, probablemente no habría más ataques al castillo y a sus habitantes. El heredero había instigado el cruento ataque del día anterior . Ahora, él simplemente llegaría y asumiría el control del clan como el nuevo jefe . Luego, ciertamente iba a ir por Mairi. Que hombre no lo haría?
Rob tendría que matarlo , decidió amargamente . Aunque recientemente hubiese descubierto que lo afligía quitar una vida, en ese caso no le iba a importar.
Soltó un gemido cuando la punta del zapato de Mairi lo alcanzó en la pierna . Ella estaba haciendo aquello mucho mas difícil de lo que debí ser, sin embargo él tenía que reconocer su tenacidad.

La rabia por haberla arrancado de su casa de ese modo incluso podría ayudar a poner su tristeza de lado por algún tiempo, Rob decidió, justificando su necesaria rudeza. La dejaría pensar que él era cobarde y cruel , si eso la ayudaba. Mairi podía insultarlo y estar enfurecida durante todo el camino hasta Baincroft, y él iba a tolerarlo . Mejor todavía que tener que soportar su llanto durante el viaje. Si , eso le serviría para superar los primeros días de duelo que son los peores.
Sus gritos y sus insultos , cuando él la levantó sobre encima de su hombro , debían haber asustado a los caballos que estaban afuera en los establos , pensó Rob. Podía sentir el temblor de su voz resonando en el lugar donde el pecho de ella hacía contacto con su hombro , pero gracias a Dios no podía oír las palabras que su esposa le estaba dedicando .
Rob había descubierto unas pocas ventajas de ser sordo con el transcurrir de los años. Y esa era una ellas , definitivamente, debía incorporarla a la lista.
Mairi se dejó de debatirse cuando su marido la colocó en la silla de montar y montó el caballo, detrás de ella. Tenía el corazón en agonía al ver la confusión que esa partida precipitada causaba en la gente de Craigrauir , que estaban parados observándolos. No había nada que ella pudiese decirles para explicar semejante abandono . Y nada que ellos pudiesen hacer, para ayudarla.
El escudero de su padre observaba todo con lágrimas en sus ojos. Pobre Davy.
Qué estaría pensando su gente de su nuevo marido, forzándola a abandonarlos y dejarlos merced de Ranald? Forzándola a dejar su padre para ser enterrado en la tumba de la familia, sin ni siquiera oír una misa por su alma ...
- Oh, por favor! Por favor, déjame quedarme - ella le imploró inútilmente. MacBain no le respondía . Espoleaba el caballo y se dirigía a los portones que su soldado había abierto.
Mairi se mantenía tan firme como podía , sintiendo el calor del cuerpo de Rob contra su espalda, el brazo de él rodeándola por la cintura como un cinturón de hierro.
Ella levantó as manos, todavía amarradas con el chal y asestó una última protesta. Su única recompensa golpearse la manos con su cota de malla .
Las lágrimas llenaron sus ojos y se deslizaron por su rostro como un riacho caliente. Ella contuvo la respiración para calmar la aflicción y el pánico. Su deseo de vivir aventuras había desaparecido a la luz de la cruda realidad de la vida .
En un caballo con provisiones, el hombre de MacBain cabalgaba detrás de ellos, llevando por las riendas la yegua de Mairi . Su había amarrado bolsas llenas de comida a ambos lados del animal que montaban. Ella podía ver los contornos de las hogazas de panes. Su yegua cargaba dos paquetes de contenido desconocido y un baúl de su padre, conteniendo lo que ella suponía era su ropa .

Mairi se inclinó a un lado y espió hacia atrás. Vio que los portones de su hogar se cerraban. Agotada, no logró evitar que un suspiro se le escapase . Se sentía miserable.
El brazo que MacBain se había cerrada alrededor de ella con firmeza , y él tuvo la audacia de darle una palmadita en las piernas, como para reconfortarla. Ella puso rígido su cuerpo y retrocedió, apretando su nalga contra su entrepierna y tuvo la satisfacción de oírlo jadear para inhalar, o de dolor.
- Voy a matarte por esto , MacBain! - ella anunció.

El incitó el caballo a un ritmo de galope , doblaron una curva del camino y entraron al bosque. Luego , Mairi no tuvo más aliento para continuar insultándolo . Rob la inclinó hacia adelante , bajo su cuerpo, para evitar las ramas más bajas, haciéndola apoyar el rostro sobre el cuello del caballo. Las crines do animal le raspaban la piel de la cara .
Su marido se atrevía a sumar a su injuria la indignidad ?, ella pensó con un acceso de furia. El calor del odio le secó las lágrimas y la ayudó a definir un objetivo.
- Me las pagarás por esto , MacBain! Te haré lamentar profundamente este día!
Rob nunca tomó conocimiento de su amenaza. Cambiaron el rumbo sur al sudoeste a un paso rápido y firme, alejándola para siempre de su deber como una hija de un Lord de las Highlands . Ese desconocido ahora la guiaba a un futuro incierto.
Y pensar que ella había aceptado ese destino de libre voluntad unas pocas horas atrás! Si hubiese sabido que MacBain iba a traicionarla de esa manera y la haría romper su promesa de venganza, ella se habría negado a casarse con él y lo hubiera mandado al diablo . Ella quería defender a Craigmuir contra la ambición de Ranald y , quien sabe, hasta matarlo con sus propias manos!
Por qué siempre actuaba sin pensar las cosas dos veces? Sus deducciones sobre el carácter de MacBain habían estado erradas y ahora él la conducía por un camino desconocido. Pobre papá.... Por lo menos, él había muerto creyendo que su hija se había mostrado obediente una vez en la vida. Dios del cielo, ella se había equivocado , se había equivocado tanto casándose con ese hombre !

Mas tarde, cuando llegaron a un riacho, Rob juzgó que ya se habían alejado lo suficiente de Craigmuir y que podían detenerse por algún tiempo, darle agua a los caballos y permitir que Andy descansase.
Durante el ataque , el pobre había recibido varias patadas en las costillas, que lo había dejado seriamente herido, pero la generosa capa de grasa que recubría su cuerpo no había evitado la fisura . Cabalgar en ese estado debía ser muy doloroso. Para recompensarlo por su valiente dedicación, Rob sintió que debían descansar un poco .
Ciertamente su nueva esposa no sería tan tonta como a arriesgarse a volver a Craigmuir sola, igualmente él planeaba mantenerla bajo vigilancia . Sabía que Mairi había detestado abandonar a su padre inmediatamente después de su muerte, y Rob se solidarizaba con eso . Sin embargo , el viejo lord tenía razón. Mairi debía estar lejos, antes que el sucesor llegase.
Ese primo debía estar extremamente impaciente obtener a ambos, el castillo de Craigmuir y a lady Mairi , como para ejecutar un ataque tan sanguinario . El sería lord del clan McInnesses de cualquier modo , entonces impedir el casamiento de Mairi debía haber sido el objetivo del ataque . Rob se había formado una mala impresión de Ranald Maclnness, al ser presentados, y no le había sorprendido saber que él estaba detrás de ese ataque vil .
Lo perturbaba tener que dejar la casa de Mairi y a su gente bajo el liderazgo de ese hombre, pero no había nada que él pudiese hacer con sólo un soldado y estando en tierras que no le pertenecían .
No podría salvar a Craigmuir de su nuevo lord por el momento. Más adelante , una vez que llevase a Mairi a un lugar seguro en Bancroft, él podría volver con más hombres y poner las cosas en orden en el hogar de los Maclnness.
Decirle eso a Mairi no habría servido de nada en ese momento. Mairi no estaba lista para oír sobre sus planes. En su ansiedad por una retaliación inmediata contra su primo, por la traición cometida , ella no recibiría de buen grado esa necesaria demora.
Rob desmontó y extendió los brazos para ayudarla a descender. Ella permitió que él lo hiciese, mirándolo con furia cuando ya estaba en el suelo ,
- Suéltame, demonio traidor ! - ella ordenó, levantando sus manos atadas hacia él.
Rob la desató con aire indiferente y dio un paso atrás, señalando el agua.
- Bebe y refréscate.
El la observó subirse las mangas todavía manchadas con sangre seca de su padre y vio el esfuerzo que le costó reprimir una oleada de compasión . Como le gustaría abrazarla de nuevo, consolarla, suavizar su rabia y explicarle más detalladamente por qué la había alejado tan repentinamente de su casa .
Mairi no iba a agradecerle eso , él resolvió , con un encogimiento de hombros. Se apartó para llevar el caballo hasta el borde del riacho de aguas rápidas que pronto tendrían que cruzar.
- Estás lastimado? - Rob preguntó a su amigo, posando la mano en el hombro del muchacho.
Los cabellos rubios oscurecidos por el sudor, caían sobre la frente de Andy , bajo el yelmo de cuero bien ajustado. Su cara siempre había sido muy colorada , pero el dolor que padecía la había empalidecido .
- No. - Andy sacudió la cabeza negando , pero los labios apretados y la frente fruncida decían otra cosa. Rob le había fajado las costillas lastimadas con firmeza, pero sabía que eso hacía poco para evitar el dolor que el balanceo del caballo le provocaba.
El recordó las veces que había sufrido lo mismo, después de los torneos. Con tristeza, le hizo una seña , para decirle que debían cabalgar nuevamente, y pronto.
Andy aceptó, miró de reojo a lady Mairi para demostrar que entendía por qué , y se arrodilló con cuidado, al borde del agua, para beber.
Rob también miró a su esposa, quien se había inclinado sobre el margen, sumergiendo y fregando las mangas de su vestido, su rostro sus cabellos dorados y sus lágrimas.

Si, la rabia le serviría para superar la tristeza mas que cualquiera de las atenciones que él pudiese dispensarle . Rob volvió su atención a su caballo.
De repente, Andy lo agarró por el brazo . Rob se puso de pie abruptamente , su primer pensamiento fue que se trataba de un ataque. Luego , siguiendo el gesto frenético de Andy, vio las burbujas alrededor de un pedazo de tela y una pequeña bota sobresaliendo fuera del agua.