martes, 9 de diciembre de 2008

LOBO DOMADO - CAPITULO 26

CAPITULO 26


El corazón de Marion latía tan fuertemente que hasta temió que Simon se diese cuenta . Muy satisfecho con el papel que venía desempeñando como comandante de las fuerzas militares de Dunstan, él seguramente consideraba una tarea menor escoltarla hasta Wessex. Usaba monosílabos para hablar y casi siempre estaba tenso, pero Marion ya se había acostumbrado a los cambios de humor de los de Burgh. En verdad , no era Simon el motivo de sus preocupaciones , sino Dunstan.
Cuando Simon había retornado para decir, con su típica frialdad , que Dunstan "naturalmente" estaba bien , Marion había llorado de alivio. Ahora, mientras ellos se aproximaban a Wessex, ya no sabía muy bien qué estaba sintiendo. En parte todavía estaba preocupada , ansiosa por ver con sus propios ojos si Dunstan estaba bien de salud . Por lo que Simon había dicho, él había sido aprisionado y había sido herido, aunque no gravemente.
Por otro lado ella no podía prever lo que estaba para suceder. Si no fuese por su ansiedad por ver cómo estaba Dunstan, hubiera preferido quedarse en Campion, rodeada por una familia que la amaba. Sería mucho mejor que estar en compañía de un hombre que no hacía nada por establecer las bases de un futuro en paz . EN su mente sólo había dudas en relación a ese matrimonio.
Mientras atravesaban los portones del castillo, Marion estuvo muy quieta, silenciosa y tensa. Pronto olvidándose de ella, Simon se ocupó de llevar los nuevos soldados a los alojamientos en donde ellos quedarían instalados y Marion fue dejada sola delante de la pesada puerta del castillo. Todavía no sabía si encontraba bonito ese lugar. En verdad , si se lo comparaba con la arquitectura inconexa de Baddersly y con la imponencia de Campion, Wessex parecía un lugar hasta acogedor . Marion sonrió . No era difícil imaginar ese pequeño vestíbulo lleno de niños sonrientes ...
Ella entró justo a tiempo de oír la protesta del Lobo, dicha en un tono casi rabioso.
- Dónde diablos está ella ? - vociferó Dunstan mientras atravesaba un mar de personas, conduciéndose con su proverbial elegancia física y su típica boca sucia.
Marion sintió el amor que le despertaba ese hombre, una sensación dulce pero tan intensa que le llegaba a doler.
- Marion.
El la había visto . Por un momento Marion pensó que Dunstan saldría corriendo para abrazarla, pero ahora él parecía controlado. Después de vacilar por algunos instantes, volvió a caminar con pasos largos hasta pararse delante de ella, una presencia imponente y muy querida. Alto y sólido como un algarrobo , Dunstan parecía perfectamente saludable , lo que hizo Marion sintiese un enorme alivio. Por algunos segundos él la examinó, pero sería imposible decir si estaba contento de verla.
- Marion?
Dunstan parecía incluir en esa única palabra un millón de preguntas, pero Marion no sabía qué responder. Finalmente, incapaz de controlarse por más tiempo, levantó la mano para acariciarle la cara , queriendo probarse a si misma que él estaba vivo y sano .
- Gracias a Dios estás bien - ella dijo, con dulzura en la voz.
Dunstan la empujó contra su pecho y la abrazó tan fuertemente que la dejó sin aliento. Mientras hacía eso repitió el nombre de ella, pero ahora en un murmullo que le causó un escalofrío .
El movimiento de personas en el salón fue olvidado mientras crecía el calor entre ellos dos y Marion contuvo la respiración cuando él la tomó en sus brazos como si fuera una niña . Cargándola sin la menor dificultad, Dunstan comenzó a subir la escalera después de pasar por al lado de un azorado Geoffrey y de un batallón de criados que se habían reunido para ser presentados a la nueva lady.
- Dunstan! - gritó Marion.
Sin prestarle atención a esa reprimenda él entró en el cuarto como un huracán y la colocó sobre la cama. Después de trancar la puerta, se acostó encima de ella como si tuviese una urgente necesidad de hacer eso. El beso de él fue ansioso y caliente. Marion se dio cuenta que no tendría cómo resistirse.
Después él se sentó en la cama y , con dedos nerviosos, se ocupó de abrir la parte delantera de su vestido , dejándola con los pechos expuestos. Por un buen tiempo se quedó contemplándola, quemándola con el calor de sus ojos verdes.
Marion humedeció sus labios con la punta de la lengua, sin dejar de mirarlo. vio que el pecho del Lobo se movía rápidamente, revelando la agitación de su respiración...
- Por Dios, Marion... Tengo que tomarte ahora.
Marion hizo un débil gesto de asentimiento con la cabeza y se quedó observando mientras él ansiosamente se libraba de sus propias ropas. después Dunstan levantó la falda de ella, la empujó sobre el borde de la cama y la penetró profundamente, de un modo que la hizo gritar de placer.
Una sonrisa arrogante apareció en el rostro masculino.
- Estas paredes son bien gruesas, Marion - él dijo . - Puedes gritar todo lo que quieras .
Y fue lo que ella hizo.


Dunstan pasó los ojos por la mesa con la frente fruncida , de mal humor mientras contemplaba a los hermanos que tan recientemente había abrazado. Ahora los veía con desconfianza y disgusto , como quien observaba un nido de víboras.
Y todo era culpa de ella.
Dunstan había llegado a pensar en ordenarle a Marion que se quedase en el cuarto por el resto del día... y de la noche, pero ella había insistido en bajar, afirmando que quería conocer a los criados del castillo y saludar a sus hermanos . Tal vez fuese más prudente dejarla todo el tiempo encerrada en el cuarto, encadenarla a la cama, como en una ocasión había imaginado hacer.
Así por lo menos ella ahora no estaría en la mesa, conversando alegremente con todos, regalando sonrisas, causando unos celos que lo estaban corroyendo por dentro. Nunca había sido un hombre posesivo en relación a las mujeres, viéndolas sólo como seres con quienes se podía hacer intercambios justos. Eso hasta conocer a Marion. Y no le estaba gustando cómo se sentía.
Dunstan sabía que Marion no se había acostado con ninguno de sus hermanos . Sabía que todos ellos se habían negado a desposarla por considerarla sólo como una hermana. Pero también sabía que castigaría de manera implacable quien la mirase demostrando el más leve interés libidinoso.
Cuando la vio extendiendo la mano para tocar el brazo de Geoffrey, Dunstan sintió que la sangre le hervía . Necesitó controlarse para no hacer el papel de un niño caprichoso , pero no era fácil mantener la apariencia de sobriedad. Marion era suya , Dios santo , y no estaba dispuesto a compartirla con nadie , ni siquiera con sus parientes.
Saciados de comida e bebida, mas allá de sentirse exultantes por la llegada de los nuevos soldados, los jóvenes de Burgh ni siquiera notaban el mal humor de su hermano mayor . Disputándose las atenciones de Marion como un grupo de perritos falderos , cada uno de ellos le narraba con entusiasmo lo que había hecho durante la recuperación del castillo.
Observando en silencio, Dunstan se admiró de la habilidad que Marion demostraba para lidiar con los muchachos.. Ni siquiera el educado Geoffrey sabría comportarse con tanto aplomo y diplomacia. Cuando la discusión se hizo demasiado acalorada ella supo exactamente qué decir para calmar los ánimos. Cuando alguien exageraba sus propios hazañas ella decía algo gracioso , advirtiéndole sutilmente al mentiroso que estaba cayendo en la ridiculez . Si la lengua de Stephen se hacía muy afilada ella lo censuraba con gracia . Y lo mas espantoso era que la oveja negra de la familia no sólo aceptaba la reprimenda sino que pasaba un buen tiempo sin atacar a nadie con sus zarpas verbales! Dunstan estaba atónito.
Y otra cosa asombrosa era que ella lograba sacar a Reynold de su silencio e introspección . Todos eran elogiados por Marion, incluso Nicholas, quien , y ella puso énfasis en resaltar eso , había sido el único que conocía el pasaje secreta hacia el interior de Wessex. Sin él la recuperación del castillo habría sido imposible.
Nicholas, hinchado de satisfacción , dejó a Dunstan orgulloso cuando recordó a los otros que ninguno de ellos estaría allí si no fuese por la acción decidida de Marion. En el mismo instante los seis pares de ojos que miraban al muchacho se volvieron hacia ella con una mezcla de afecto y respeto. En ese momento Dunstan casi consideró ridícula su desconfianza. Todos querían mucho a Marion, eso estaba escrito en las caras de cada un de ellos, pero Geoffrey tenía razón: lo que los muchachos sentían por ella no tenía nada que ver con el deseo.
Y entonces los celos se transformaron en una molestia soportable cuando Dunstan vio que todos se levantaban para ofrecer un brindis por su esposa . Eso lo hizo sentir una afinidad muy grande con sus hermanos, algo que no existiría ni siquiera si ellos combatiesen juntos en todas las batallas del mundo. Eso nacía del cariño que todos le dedicaban a la misma mujer... en diferentes formas.
Después Dunstan también se levantó pero no dijo nada. Sólo se quedó mirando a Marion, sabiendo que lo que sentía por ella era cada vez más fuerte. Quien la viese allí sentada, femenina , delicada, con esa bella sonrisa de hoyuelos, jamás sse imaginaría que ella había cabalgado durante días, sola y desarmada, atravesando tierras desconocidas, con el único objetivo de salvarle la vida a él.
Se trataba de una mujer sorprendente. Y pensar en las veces que ella había intentado escapar de él. .. en la época Dunstan la consideraba una delirante , una tonta, una mentirosa . Pero Marion era una persona que siempre lograba sus objetivos . Y actuando sola, sin la ayuda de nadie . En ese instante Dunstan llegó a una conclusión que lo alarmó : Marion no necesitaba de él.
De hecho era algo alarmante. Si no necesitaba de su protección, por qué Marion se quedaría con él ? Dunstan se sentó con sus hermanos, por respeto a la modestia de Marion, quien insistía en que todos se acomodasen. Pero ahora la atención de él ya no estaba en el momento presente.
Qué tenía hacer para mantenerla con él ? Qué para que ese matrimonio tuviese sentido ? El amor físico tal vez fuese un camino, porque a Marion definitivamente le gustaba el placer que experimentaba en la cama ... Y también estaba la idea de tener un heredero. Claro! Embarazándola pronto él estaría creando un vínculo muy difícil de ser roto.
Dunstan sintió que estaba superando el pánico y respiró profundamente . Marion era suya , ahora y siempre. aún así persistía en él una duda inquietante: Cuándo podría tener certeza de que jamás la perdería?
- Nuestra hermanita, Marion!
Los de Burgh no se cansaban de dirigir palabras cariñosas a su cuñada, y por lo que Dunstan estaba viendo esas frases sólo rivalizaban con los pedidos de más cerveza. Él mismo sentía la garganta seca, pero no quería más alcohol . Quería llevar a su esposa a la cama y reivindicar lo que era suyo por derecho. Inmediatamente acercándose mas , intentó atraer la mirada de ella. Cuando eso pasó Marion se inclinó a un lado de él, pero en vez de murmurar algo provocativo, ella sacudió la cabeza señalando a uno de los hermanos de Dunstan.
- Mira como Simon está girando la copa entre sus dedos.
Dunstan sólo se encogió de hombros, dejando en claro que no tenía el menor interés en los hábitos de Simon. Marion juntó las cejas, reprobando ese desinterés .
- Eso significa que tiene algo en mente - ella interpretó, golpeándolo con el codo. - Pregúntale .
Seguro de que no tendría paz mientras no hiciese lo que su esposa quería, Dunstan se recostó en la silla y miró a su hermano, quien de hecho estaba con los ojos fijos en la copa que giraba entre los dedos, evidentemente sus pensamientos estaban muy lejos.
- Y Simon? En que estás pensando?
- Qué ? - Simon levantó la cabeza como si se hubiese sobresaltado . - Ah, ... eh yo ... sólo estaba pensando... eso está permitido, verdad ? ... - Respirando profundamente él acomodó su cuerpo en la silla, con el semblante serio. Me gustaría ir con un grupo de hombres hasta el castillo de Fitzhugh para ver como están las cosas por allá.
Dunstan se quedó azorado con el poder de percepción de su esposa. El hecho era que ella estaba demostrando conocer a los muchachos mucho mejor que él, y él era el hermano mayor . Y Marion debía saber eso, porque ahora estaba sonriendo , divertida por la sorpresa de él.
- Es una idea que habría que pensar - ella opinó. - Qué crees , Dunstan?
Dunstan hizo una mueca. Con Fitzhugh muerto, él creía que ese problema estaba resuelto, pero era posible que Walter causase alguna complicación. Su antiguo vasallo podría llegar tan lejos como estar escondido allí , preparándose para atacar uno de los feudos vecinos , exactamente como había hecho su antiguo cómplice.
Eso debilitaría las defensas del castillo, aún considerando los soldados que papá mandó - se pronunció Geoffrey.
Sentado del otro lado de la mesa, Simon miró fijamente a su hermano.
- Pensé en la posibilidad de que Walter estuviese reuniendo un ejército propio. Pensé también en la hija de Fitzhugh, quien tiene fama de ser una mujer muy temperamental. Y si ella resolviese continuar con los ataques que padre emprendía contra Wessex? Tenemos que averiguar que se está tramado fuera de nuestras fronteras.
Simon acompañó esas palabras con gestos hechos con su puño cerrado, indicando que estaba ansioso por entrar en acción.
- Pero si salimos , Wessex quedará muy vulnerable - persistió Geoffrey. - aunque la hija de Fitzhugh y sus aliados todavía estén reuniendo fuerzas, debemos pensar en Harold Peasely.
- Peasely? - murmuró Dunstan con desprecio.
- Él ya no tiene ningún derecho sobre Marion.
- Eso es verdad, pero también es verdad que él se viene aprovechando hace un buen tiempo de la fortuna de Marion - argumentó Geoffrey. - No se desprenderá de esa riqueza muy fácilmente. Y Peasely no intentó matarte , Dunstan? Yo pensaría en lo que ese hombre es capaz de hacer.
Dunstan sopesó con cuidado las palabras de su hermano. Entre todos, Geoffrey era quien más se parecía a su padre : aunque de gran fortaleza física era un hombre que sabía ser prudente. Era necesario reconocer que, en la distribución de la inteligencia entre los hermanos de Burgh, Geoff había sido premiado con la parte del león . Y eso le daba peso a su opinión . Dunstan no creía que Peasely estuviese planeando un ataque contra Wessex, pero tampoco se había preparado para enfrentar la astucia de Fitzhugh. Si sólo unos pocos hombres partiesen en una misión de reconocimiento, el castillo de Wessex no quedaría indefenso.
- Tal vez sólo unos pocos hombres deban ir, los suficientes para hacer un balance de la situación - dijo Dunstan pensativamente . - Aun con todos los hombres de que disponemos ahora, no conseguiríamos tomar el castillo Fitzhugh. Siendo así la cantidad de gente que mandemos no hará mucha diferencia. Iremos en señal paz, con la excusa de llevarle a la muchacha la noticia de la muerte de su padre .
Varios hombres que ya habían demostrado su coraje en combate se asustaban al oír mencionar a la bruja Fitzhugh. Dunstan intentó no demostrar cuanto esa situación lo divertía.
Partiremos mañana muy temprano - él concluyó.
- Pero yo ... - tartamudeó Simon, pareciendo tan espantado como furioso.
En el instante siguiente la mano de Marion posó sobre el brazo de su marido.
- Simon no parece satisfecho con tu decisión, Dunstan, y tiene sus motivos. - ella declaró. - Tu hermano ya dio pruebas de tener capacidad de liderazgo. Además , vos mismo dijiste que estás cansado de tantos viajes.
Dunstan frunció el ceño . por lo que se recordaba, siempre era él quien lideraba todo, quien decidía todo. No le era fácil delegar la autoridad en otra persona. Y si algo saliese mal ? No sería nada agradable pensar que otro hombre sería responsabilizando por un trabajo que le cabía a él.
Cuando iba a decir lo que estaba pensando Dunstan sintió en el brazo la presión de los dedos de Marion y permaneció en silencio. Si partiese al comando de esa misión de reconocimiento, tendría que dejarla allí, rodeada por sus hermanos . Eso lo hizo sentir una opresión en el pecho . Y las noches que pasaría lejos de ella, durmiendo al aire libre , sin el cuerpo de Marion . ..
- Simon está perfectamente calificado para liderar la misión, Dunstan - opinó Geoffrey. - Tu lugar estás aquí , en Wessex.
Tal vez Geoffrey tuviese razón , pensó Dunstan. Hacia un buen tiempo que él era el lord de Wessex, pero pocas veces había pasado la noche en el castillo. En general estaba en los campos, cuidando de las labores de la tierra o defendiendo las fronteras de sus vecinos ambiciosos . Cuando miró los ojos grandes de Marion, vio que ella apoyaba la idea de encargarle la misión a Simon.
- Está bien - dijo Dunstan. - Simon, no suelo dejar que otros hombres hagan mi trabajo, pero parece que estás muy interesado en esta tarea. La misión es tuya.
En ese mismo instante el rostro de Simon se iluminó. Y ahora él estaba sonriendo, una cosa muy rara. Dunstan sintió que también le sonreía a su hermano. Tal vez ceder algo en favor de una persona querida fuese algo que provocase satisfacción.
Dunstan se sintió doblemente recompensado cuando se volvió hacia Marion y vio que ella lo miraba con admiración . Después le sonrió , con esos hoyuelos tan lindos y graciosos , y Dunstan relajó en la silla, satisfecho consigo mismo.
Si eso era lo que Simon quería, podía concederle la voluntad de partir en busca de pelea. Dunstan prefería quedarse en su casa, ocupándose de la tarea de engendrar un hijo .

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