lunes, 25 de mayo de 2009

LA CAPRICHOSA - LYNSAY SANDS - CAPITULO 17

CAPITULO 17



- Cómo estás, primo? La voz de Osgoode hizo que Balan levantase la cabeza y abriese levemente los ojos. Acostado e inmóvil , estaba tirado en suelo sobre una capa de heno. En respuesta lanzó un gemido e intentó girarse, lo que le provocó más náuseas. Era así como había pasado toda la noche, lanzando todo lo que tenía en su estomago.
- Tengo una buena noticia - continuó Osgoode. - Probablemente no sea Murie quien te está queriendo matar , pues ella también se enfermó .
- De qué estás hablando? - Balan preguntó mientras tenía una arcada.
- Con la cena de ayer. Parece que Murie quiso prepararla personalmente y creyó que estaba tan rica que también comió una buena porción. Claro que no haría eso si ella hubiese puesto algo en la comida para envenenarte. Por lo tanto , o fue un accidente o alguien envenenó la carne que ella dejó asándose mientras se fue con Emilie y Reginald a bañarse al río.
Balan se acostó de espaldas , gimiendo alto.
- El pedazo de carne que ella me trajo era pequeño... - dijo , con esfuerzo.
- Era sólo la mitad porque ella ya se había comido la otra mitad. Pero fue bueno, y te estoy dando todas buenas noticias. Emilie cree que si hubieses comido toda la carne vos solo, ya estarías muerto.
- Santo Dios, gracias por tan bellas noticias. Pero, cómo está mi esposa?
- Un poco peor que vos. Cómo ella es más menuda, la misma dosis de veneno le hizo más efecto. Además de vomitar, está teniendo alucinaciones.
Balan intentó levantarse torpemente.
- Gracias por este compendio de optimismo pero debo...
- Cálmate. Emilie está cuidando de ella. No hay necesidad de que vayas. ..
Osgoode ni siquiera intentó continuar argumentando. Sabía que su primo era obcecado y que no desistiría de ir ver como estaba su esposa. Era mejor ayudarlo a levantarse que quedarse discutiendo.
Los pocos pasos que llevaban al centro del campamento parecieron un largo viaje. Balan sentía las piernas temblar, como si la tierra se moviese debajo de sus pies. Tenía la vista nublada y veía todo de forma difusa. Fue con alivio que llegó a la tienda y vio a Reginald abrir la cortina de lona que servía de puerta para dejarlo entrar, indicándole el catre donde su mujer estaba acostada. Tropezando Balan fue hasta ella, dejándose caer al lado de Murie.
- Balan, tu aspecto es un poquito mejor que anoche - dijo Emilie, al verlo entrar.
- Me siento mejor , si - balbuceó Balan. - Conseguí dar tres pasos sin vomitar.
- Lo sé... - ella respondió con aire de mucha contrariedad. - Reginald me contó lo que vos y Osgoode estuvieron pensando. Es un absurdo! Imagínate si Murie iba a querer matarte. Claro que no!
Al oír eso, Balan tuvo ganas de ahorcar a su primo lengua larga, pero no tenía fuerzas para hacerlo.
No, en ese momento. Emilie, por su lado, continuaba hablando indignada.
- Murie planeaba cuestionarte por la situación de la noche en que entraste a su cuarto . Pero antes de eso, ella - sin querer - oyó una conversación entre vos, Osgoode y mi marido. Se enteró que ustedes estaban preocupados por mí y que planeaban pedir permiso al rey para dejar la corte más pronto. Ella temía que Eduardo no aceptase esos argumentos y por eso resolvió ir personalmente a hablar con él - Emilie explicó con una expresión severa. - Cómo pudiste pensar que ella sería capaz de poner esa hoja de cactus bajo la montura? O que envenenaría la carne y después ella misma la comería ? No seas ridículo, Balan!
Acostado al lado de Murie y casi inconsciente Balan oyó todo en silencio, dándose cuenta de la indignación el disgusto de las palabras que Emilie le dirigía. Pero Balan no le contestó nada , porque en seguida se desmayó.




Cuando Murie abrió los ojos sintió que había un brazo posado sobre su cintura. Se dio vuelta lentamente y, para su sorpresa, vio la figura de su marido a su lado. Sin entender lo que estaba sucediendo pasó su mirada borrosa por el recinto. Se dio cuenta entonces que ya no estaba en la tienda del campamento, sino en otro lugar. Poco a poco se fue moviendo, retiró con cuidado el brazo de Balan de encima de su cuerpo y temblorosamente se levantó. Sentía débiles las piernas . Apoyándose en las paredes consiguió dar algunos pasos hasta la puerta.
- Murie! Por qué te levantaste ?
Era la voz de Emilie que venía alarmada a su encuentro. Murie sonrió con alivio al ver que su amiga estaba allí. Pero, qué lugar era ese?
- Dónde estamos? - ella preguntó.
- En el castillo Reynard - respondió Emilie. - Pero debes volver a la cama. Estuviste muy mal, muy enferma , mi querida.
- Tengo que ir al baño...
- Ah, entonces ven que voy a ayudarte - dijo su amiga, pasando el brazo por su cintura.
A medida que avanzaban por el corredor, Murie miraba a su alrededor. Nunca antes se había encontrado con Emilie lejos de la corte o del castillo del rey .
- Tu casa es muy bonita. -
Emilie sonrió .
- Lo es, pero, cómo lo sabes? Hasta ahora sólo viste el cuarto y parte del corredor. Debo mostrarte el resto del castillo antes que te vayas.
- Sabes que no me acuerdo de como llegué aquí? sólo recuerdo haberme descompuesto mucho con el traqueteo del carruaje.
- Tu malestar no fue causado por el carruaje, Murie. Fuiste envenenada, mi querida.
- Qué ?!
- Eso mismo, pero descubrimos que querían envenenar a Balan y no a vos. Pero desafortunadamente acabaste comiendo la mitad de la carne que habías preparado para él.
- No puedo creerlo. Esa carne estaba envenenada? La carne que asé para Balan? Pero fui yo misma quien la puse a asar.
- Lo sé , pero dejamos el fuego solo fuimos a tomar un baño , recuerdas?
- Ah, si, es verdad. Yo le dije a Balan que el canto de un tero anuncia muerte. Mi Dios! Si él hubiese comido toda la carne solo podría haber...
- Cierto... - murmuró Emilie. - Creemos que pusieron el veneno mientras estábamos en el río y que el hecho que vos hayas comido la mitad le salvó la vida de Balan.
- En verdad me comí un poco más que la mitad. No era mi intención , pero tenía tan buen sabor que me fui comiendo un pedacito tras otro.
- Con eso le salvaste la vida y te pusiste en un gran riesgo. Estuviste muy mal, Murie.
- Puede ser, pero eso no tiene tanta importancia. Es preferible estar enferma que perder a un marido.
- Balan estuvo muy preocupado por vos. Mal como estaba, se arrastró para estar a tu lado esa noche. Después, al día siguiente, insistió en llevarte en su propio caballo durante el último trecho del viaje para que no viajases en el carruaje. Reginald sugirió que esperásemos hasta que te recuperases antes de seguir adelante, pero él no aceptó. Quería que llegásemos aquí cuanto antes para ponerte cómoda en nuestro castillo, bajo los cuidados de Marian.
- Mi querida Marian... - Murie sonrió , repitiendo el nombre. - Cómo está ella?


La criada había cuidado a Emilie desde que ella era niña. Era muy dedicada y tenía grandes conocimientos sobre remedios y tratamientos de salud. Marian también había sido muy cariñosa con Murie cada vez que había acompañado a su ama en sus visitas a la corte. Ambas se habían puesto muy tristes cuando Marian había anunciado que estaba demasiado vieja como para viajar tanto y había dejado de acompañar a Emilie en sus viajes. Ahora Marian ya no salía del castillo Reynard..
-Envejeciendo, como todos - respondió Emilie con un suspiro. -A veces me asusta ver como se fue arrugando la piel de Marian y lo frágil que está su cuerpo . Tengo miedo de perderla en cualquier momento.
- Eso no sucederá. Ella es una mujer fuerte. Va a vivir para ver a nuestros hijos y tal vez hasta nuestros nietos.

Llegaron al baño y Emilie esperó afuera mientras Murie hacía sus necesidades. Cuando salió , su amiga la amparó para ayudarla a volver al cuarto. Pero Murie se detuvo.
- Tengo hambre - dijo .
- Hum... eso es una buena señal. Cuando te meta en la cama voy a traerte algo para que comas - respondió Emilie.
- No quiero volver a la cama . Prefiero quedarme conversando con vos. Quiero bajar y conocer el resto del castillo .
- Ah, estás bien. Estoy descubriendo que era una paciente muy rebelde, haciendo justicia a tu fama de caprichosa, verdad ? - Emilie se rió. - Reynard! Ven acá a ayudarme a llevar a Murie al piso de abajo.
Reynard estaba sentado delante de la mesa del corredor, cuando oyó el llamado de su esposa, y se levantó .
- No crees que ella debería quedarse en la cama? - le preguntó a su mujer.
- Puede ser que si , pero no quiero - respondió Murie, antes que Emilie dijese algo.
No deseaba que la tratasen como si estuviese tan enferma que no podía tomar sus propias decisiones.
- Está bien, si es lo que quieres, Murie. Pero vas a tener que explicarle esto a Balan cuando se despierte. Estoy segura que esto no le va a gustar. Yo lo estaría si Emilie insistiese en levantarse después de haber estado tan mal.
- Ah si? Pues entonces se sentirás contrariado muchas veces en la vida porque te aseguro que Emilie no es una paciente menos rebelde de lo que soy yo.
Los dos se rieron con ganas mientras bajaban las escaleras.
- Reginald, tiene más una cosa - continuó Murie. - Alguna vez te dije cuan agradecida estoy porque amas tanto a mi amiga, y porque sos un marido perfecto para ella?
- Y yo ya te dije alguna vez que te estoy muy agradecido por no haber mandado al rey a encarcelarme cuando le propuse casamiento a Emilie y la alejé de la corte y de vos?
Murie frunció la frente y miró a su amiga por encima de su hombro.
- No me digas que le contaste que lo quise denunciar al rey!
En esa época había sido una decepción para Murie saber que Emilie estaba prometida en matrimonio a un lord que vivía en el norte del país. Ninguna de las dos se había sentido feliz con esa idea. El castillo de la familia de Emilie quedaba cerca del castillo del rey y las dos solían encontrarse con mucha frecuencia. Después del matrimonio con Reginald , las dos tendrían que separarse . Murie había llegado a pensar en pedirle al rey que impidiese el enlace.
Pero todo cambió con la llegada de Reginald. Cuando se conocieron, él y Emilie se enamoraron de inmediato y entonces Murie había desistido de la idea de poner obstáculos a la relación.
- Puede ser... - Emilie respondió.
- También debo agradecerte ... - continuó Reginald - Por haber sido una amiga tan fiel y buena con mi esposa, lady Murie Somerdale.
- Mejor llámala lady Gaynor - dijo una voz grave. - Y puedo saber a dónde diablos estás llevando a mi mujer, Reginald?
Con Murie todavía sostenida en sus brazos, los tres se dieron vuelta para vera Balan aproximarse. Murie se mordió el labio cuando vio el aspecto de su marido . Apenas usaba una camisa andrajosa y estaba sin pantalones . Sus cabellos estaban revueltos apuntaban. Su mirada , furiosa y Murie consideró que era momento de intervenir.
- Buen día , marido. Nadie me está llevando a ninguna parte. Yo me levanté sola y , cuando sugirieron que volviese a la cama , insistí en bajar. Tengo hambre y le pedí a Reginald que me ayudase a llegar hasta la mesa. Y ahora me voy a sentar y a comer con gusto, pues necesito recuperar las fuerzas, entendiste? - Murie hizo una pausa para retomar el aliento, y luego continuó . - Y vos, dormiste bien ?
Sin poder contenerse, Emilie soltó una carcajada. Llevando una mano a su boca, ella sacudió la cabeza , avergonzada.
- Oh, discúlpenme - ella dijo intentando contener la risa. - Debe ser mi embarazo que me pone medio histérica.
- Si no es eso , es el hecho que mi marido esté sin pantalones aquí en medio del salón , donde todos pueden verlo - retrucó Murie, mirando a Balan. - Francamente, Balan, no te parece que deberías ir a vestirte?
Balan ni siquiera se movió o pareció avergonzado. Solamente después lanzarles una mirada de rabia finalmente Balan se dio vuelta y volvió al cuarto.
Reginald llevó a Murie hasta la mesa donde la acomodó con cuidado.
- Muy bien. .. - ella dijo secamente, cuando se sentó. - Ahora ya todos saben lo bien dotado que está mi marido , verdad


Balan continuaba con el ceño fruncido desde que había venido a sentarse con ellos a la mesa, esta vez completamente vestido y peinado. Pero Murie no esperaba que su marido quisiese acortar tanto la visita al punto de planear marcharse al día siguiente.
- Tenemos que llegar pronto a Gaynor para hacer los preparativos para el invierno .
- Lo sé , pero vos dijiste que podíamos quedarnos aquí una semana o al menos algunos días. Yo oí cuando le decías eso a Reginald.
- Exactamente, pero hemos estado aquí por una semana.
- Como?! - Murie preguntó, incrédula.
Sabía que su marido le había dicho a Osgoode que jamás le mentiría a ella, pero, aun así, Murie miró a Emilie, buscando una confirmación. Su amiga sacudió la cabeza afirmativamente.
- Es cierto, Murie. El veneno te afectó a vos de manera mucho más seria que a Balan. Pasaste toda la semana delirando.
Abatida, Murie dejó caer su cuerpo contra el respaldo de la silla. Había perdido por completo la noción del tiempo. Ni siquiera recordaba cuando había llegado al castillo Reynard a pesar de que le habían contado que se había despertado varias veces durante ese período.
- Lamento que no hayas aprovechado mejor la compañía de Emilie pero estuviste inconsciente - dijo Balan. - No podemos perder más tiempo. Tendrás el resto del día de hoy para recuperarte y conversar con tu amiga. Mañana temprano partiremos. Reginald ya ofreció su carruaje para que el viaje sea un poco más confortable. Así llegarás más descansada.
- Descansada? En ese maldito vehículo? De ningún modo ! Yo voy a caballo. Me niego a viajar en carruaje.

- Ves, casi estamos llegando.
Desde el banco trasero del carruaje, Murie miró irritada a su marido . Él sonreía satisfecho mientras ella estaba terriblemente disgustada. Tenía ganas de borrarle la sonrisa de la cara con una bofetada. El viaje había sido largo y cansador. Había durado todo el día . Habían salido de madrugada, Balan y Osgoode montados en sus caballos, ella y Cecily dentro del carro. También viajaban el cochero y otros dos soldados que hacían de escolta. Estos tres harían el camino de vuelta al día siguiente, después de pasar la noche en la propiedad de Balan.
Osgoode y Balan no habían llevado sus hombres a la corte, pues ellos se habían quedado en Gaynor para trabajar, reemplazando a los muchos criados que habían huido de allí o que habían muerto con la peste.
De esa forma, por viajar sin guardias, optaron por no detenerse durante el trayecto. Trataron de hacer las comidas montados mientras cabalgaban y Murie había hecho las de ella en el carruaje en movimiento. Sin embargo , comer no era el único motivo para querer detenerse. Hacia horas que Murie sentía la vejiga llena y temía no poder llegar a destino a tiempo, antes de hacer un gran papelón.
Todas esas tribulaciones la ponían todavía más irritada con su marido. Se inclinó , apoyando el brazo en el costado del carruaje y le hizo una seña a Balan. El guió su caballo más cerca del vehículo.
- Qué pasa?
- Necesito ir al matorral.
- Qué ?
- Te estoy diciendo que necesito ir a un matorral.
- Para qué ?
- Para ... , para... porque necesito ir , eso es todo!
- Creo que ella necesita atender un llamado de la naturaleza - dijo Osgoode quien cabalgaba al lado de Balan.
- Ah, está bien. Por qué no me lo dijiste antes?
- Pero te lo acabo de decir - Murie protestó .
Dirigiendo su caballo más cerca del cochero, Balan le ordenó que parase. Cuando lo hizo, Murie saltó fuera del carro y salió corriendo hacia el interior del bosque con sus piernas todavía débiles, sin esperar que la acompañasen. Desapareció entre los árboles en ese mismo instante, dejando a Balan y a Osgoode atrás y fue atender a orinar.
Después de aliviarse, fue caminando muy lentamente rumbo al carruaje detenido. No tenía ninguna prisa en volver al maldito banco de ese endemoniado carro. Vagamente fue dándose cuenta que la caminata de vuelta parecía bastante más larga que la de ida. Dio algunos pasos más y se detuvo cuando oyó la voz afligida de Balan y la de su primo.
- Murie! Murie! - ambos gritaban llamándola.
Estaban detrás de ella y sólo entonces se dio cuenta que había caminado en dirección contraria, internándose todavía más en el bosque en vez de volver.
- Estoy aquí! - Murie respondió .
- Qué pasó ? Te perdiste ? - ellos preguntaron, corriendo hacia ella.
- Claro que no. Sólo estaba intentando volver.
- Pero te fuiste demasiado lejos. Como estabas demorando, nos preocupamos - explicó Osgoode.
Murie se ruborizó . No entendía cómo se había desviado tanto del camino. La cuestión atormentaba su mente, cuando el chillido fuerte de un pájaro cucú desvió su atención. Inmediatamente Murie se arrojó al suelo y comenzó a rodar entre las plantas.
- Por Dios, Murie! Qué carajo estás haciendo? Estás segura que te sientes bien ? -preguntó un azorado Balan, agarrándola y obligándola a ponerse de pie.
-Por supuesto que estoy bien, pero quería asegurarme.

- Por qué ?
- No oíste el canto del cucú, Balan? Cuando el cucú canta, uno debe rodar sobre el pasto . Eso trae buena suerte por un buen tiempo.
- No creo ... - murmuró Osgoode, sin creer en lo que oía.
- En condiciones normales, yo no habría hecho eso para no ensuciar mi vestido. Pero sabiendo que hay alguien que tiene la intención de matar a mi marido, me pareció que no podía desperdiciar la oportunidad conseguir la protección de un poco de buena suerte. Aunque estoy enojada con Balan ahora, sé que eso se me va a pasar y no quiero que él sufra nada malo.
- Entiendo... - Osgoode asintió, un tanto perplejo.
Mientras tento Balan la miraba sin decir una palabra, con una expresión indecifrable en su rostro.
Murie fue caminando delante de ellos dos, esta vez en la dirección correcta. Entonces oyó a Balan susurrarle a su primo.
- Santo Dios, creo que me casé con una demente.
- Puede ser, pero por lo menos ahora sabemos que no es ella quien está intentando matarte - cuchicheó Osgoode en respuesta, con una risita.
Indignada, Murie giró la cabeza y los encaró.
- Ríanse de mí, pero no es hecho real y concreto que vos estornudaste hacia la izquierda antes de comenzar el viaje, Balan? Y no tuvimos bastante mala suerte en el trayecto, después de eso? También pisaste la planta de San Jorge y después tu caballo se desbocó, fue así o no ? Y cuando oímos el grito del tero la comida no fue envenenada poco después ? Pueden reírse cuanto quieran, pero cada uno de esos acontecimientos fue precedido por un aviso del más allá. Algún día me van a agradecer por creer en esas supersticiones.
Diciendo eso, Murie les dio la espalda y con pasos decididos caminó hacia el carruaje. Subió en el y se acomodó en el banco, temblando de rabia. Los hombres, entonces, montaron sus caballos. Balan se aproximó al carro , la tomó por el brazo y por la cintura, y la sacó del vehículo . La alzó en sus brazos y la sentó en la montura, delante de él.
- Gracias por haber querido traerme buena suerte rodado por el pasto, arriesgándote a ensuciar tu vestido - él susurró en el oído de Murie, quien permanecía rígida en sus brazos.
- No hay de que, mi marido. Y te agradezco que me hayas sacado de ese horrible carruaje.
- No podía dejar que llegues al castillo con esa cara de traste. Ibas a espantar a los pocos criados que todavía nos quedan -la provocó Balan, viendo que su esposa ahora amenazaba con sonreír. - Así está mucho mejor . Además estando aquí a mi lado puedo hacer esto - Balan completó, mordiéndole levemente la oreja .
Murie jadeó , sintiendo la lengua de Balan recorrer todo el contorno de su oreja. La rigidez de su cuerpo fue de a poco desapareciendo con esa sensación y ella se apretó aun más contra el pecho de su marido , facilitándole esa caricia. Entonces él sujetó su mentón y la hizo girar la cabeza para besarla con intensidad. Esta vez su lengua penetró intrépidamente entre sus labios y tomó entera posesión de su boca.



La comitiva seguía viaje recorriendo hacia más de una hora una bosque denso con enormes árboles que ladeaban un camino pedregoso. Fue entonces que finalmente se oyó un llamado. Acababan de cruzar el bosque y estaban delante de un campo abierto donde Murie podía ver, por primera vez, el lugar a donde iba a vivir de allí en delante. En los campos, grande parte de la producción agrícola todavía estaba por ser recogida y comenzaba a pudrirse en sus tallos. A lo lejos , del lado derecho, la pequeña villa parecía deserta. En lo alto del una suave colina se veía el castillo. una gran construcción y sorprendentemente bonita.
- Perdimos mucha gente con la peste . Ahora, mis pobres soldados están trabajando en el campo en lugar de los labradores, intentando salvar la cosecha. Por supuesto que no hay un número suficiente y ellos no tienen ni la habilidad ni el conocimiento de los granjeros. Por eso buena parte de la cosecha continua de pie y va a pudrirse.
- Pero eso es bueno para la tierra - observó Murie. -El año siguiente el suelo estará mucho más fértil y la cosecha será mucho mejor , vas a ver.
El hombre que los había llamado se aproximaba, caminando apresuradamente por el camino. No era un soldado y su cuerpo delgado parecía mal nutrido. Sus cabellos, ya grises hacían que aparentase más edad que lo que la agilidad de sus pasos sugería. Su rostro estaba marcado por la inclemencia del clima y por la rudeza de su trabajo. Debía ser uno de los sobrevivientes de la villa, concluyó Murie.
El fue hacia Balan , quien hizo detener el caballo en el mismo instante.
- Qué bueno que haya vuelto, mi lord - dijo el hombre, con aire satisfecho. - Sabíamos que estaba en camino y que se había conseguido una bella esposa - él continuó , sonriéndole Murie. - Sea muy bienvenida a la propiedad Gaynor, mi lady.
- Gracias - ella retribuyó la sonrisa.
- Murie, este es Habbie, el capataz, encargado de los establos. - Balan hizo las presentaciones. - Pero, qué estás haciendo aquí, tan lejos de los establos?
- Buscando algo para darle de comer a los caballos, mi lord . Pero casi todo está perdido.
Murie observó al hombre que lanzaba una mirada entristecida a los campos deteriorados y se conmovió .
- Parece que la situación es crítica, no, Balan?
- Lo es - él respondió con desaliento. - Pero súbete al carruaje, Habbie. Te llevaremos de vuelta.
El capataz saludó a Cecily, fue a sentarse en el banco delantero, al lado del cochero y la comitiva siguió su marcha.
Ahora Murie podía ver más de cerca el estado de las plantaciones. Los granos se habían desarrollado bien. El único problema era que no habían sido cosechados a tiempo. Por lo visto esa tierra era fértil y pródiga. No había dudas de que el año siguiente la cosecha sería buena, ella pensó. Gaynor seguramente iba a recuperarse.
La aldea era deprimente. Aun desde lejos , parecía una villa fantasma. Pasaron por ahí sin ver a una sola persona o animal. Las puertas y las ventanas de las casitas humildes permanecían abiertas, golpeándose con el viento.
Los jardines y las pequeñas huertas alrededor de la propiedad, que antes florecían con abundancia, ahora estaban cubiertos de matos y hierbas malas.
Murie sintió alivio cuando se apartaban de allí. Fue entonces que notó los montículos regulares de tierra removida que se alineaban a ambos lados del camino. No fue necesario que Balan le explicase el significado de eso . Era evidente que allí habían sido enterrado los muertos. Con tantas personas muriendo al mismo tiempo, había sido necesario hacer tumbas colectivas para sepultarlos. El miedo al contagio exigía que los entierros fuesen hechos rápidamente para cubrir los cuerpos contaminados.
La peste se había extendido por toda Inglaterra, incluyendo a región de Berkshire donde quedaba el castillo de Eduardo III. El miedo a la peste había provocado un enorme pánico que había llevando a los habitantes de la región a actuar de un modo impensado.
Balan apretó más sus brazos en torno a la cintura de Murie, interrumpiendo sus pensamientos. Ahora pasaban por encima del foso que daba acceso al grande terreno delante del castillo . Allí también se veían señales de abandono, pero por lo menos había gente, la mayoría hombres trabajando, fuertes y quemados por el sol, eran claramente soldados, muchos todavía usando sus ropas de guerreros. Otros ya vestían ropas más adecuadas a las tareas agrícolas. Se trataban de túnicas viejas y gastadas de tela gruesa y pantalones remendados en las rodillas.
Todos se dieron vuelta para ver ala comitiva que llegaba con una expresión de alivio y sonrisas de bienvenida.
Emilie ya le había contado muchas cosas sobre la situación crítica en las propiedades de Gaynor, pero sólo fue al ver esos rostros que Murie tuvo la exacta medida de como su llegada significaba una esperanza para esa gente. Fue en ese momento que tomó una decisión, no iba a decepcionarlos. Haría todo lo que estuviese a su alcance para darles una mejor condición de vida .
Aun estando un tanto disgustada con Balan, había pasado buena parte de ese viaje insufrible pensando en la seguridad de Balan . Él había sufrido varios atentados contra su vida y necesitaba protección. Si no hubiese sido por su gula por la que ella se había la mitad de la carne destinada a Balan , su marido estaría muerto en ese momento.
De ninguna forma podía perder a Balan y estaba decidida a descubrir al responsable del intento de envenenamiento. Necesitaba saber quién y por qué deseaba acabar con la vida de su marido y, sobretodo, detener de una vez y para siempre esa amenaza. Ya había hecho una lista de las medidas que tomaría y sólo le faltaba trazar un plan para ejecutarlas.

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