martes, 15 de septiembre de 2009

LOCURA DE VERANO - CAPITULO 6 - TORI PHILLIPS

CAPITULO 6


La flecha voló por encima del pasto aterciopelado, su seta puntuda fuea clavarse en el corazón rojo dibujado en medio del blanco. Con el impacto, las plumas rojas y doradas que adornaban el otro extremo quedaron vibrando.
Katherine admiró su hazaña con suprema satisfacción :
- En el centro , sir John! gané nuevamente! Y quedo un tanto sorprendida porque sir Brandon haya alabado su habilidad como arquero, mi lord . Sus flechas no llegaron ni cerca de las mías.
Un brillo pícaro, de secreta diversión, relampagueó en lo profundo de los ojos azules de Brandon. en respuesta, El corazón de Kat se aceleró.
- Me temo que mi habilidad realmente haya sido sobre evaluada, señorita Miranda - dijo él con una sonrisa. - Bien, parece que perdí la apuesta de nuevo. Qué te debo esta vez?
- El cordón dorado de tu manga izquierda, sir John, para combinar con los otros que ya gané. - Kat devolvió la sonrisa, aunque sus labios temblasen mientras él se aproximaba.

- Voy a ser sincero, mi lady: si continuamos lanzando flechas a ese blanco, me quedaré sin un solo cordón para sujetar mis vestimentas. Mis ropas se caerán, prenda por prenda, a mis pies. - él deshizo el lazo de satén, entregándole la cinta a Katherine. - No te gustaría verme tan... al natural, verdad?
La mirada de Brandon se fijó entonces en la de ella, incitándola a responder a ese comentario tan provocativo. La idea de tenerlo completamente desnudo delante suyo asustaba y fascinaba a Kat. Sacudiendo la cabeza para borrar ese pensamiento intempestivo, ella tomó el cordón. Cuando sus dedos tocaron los de él, una sensación excitante la recorrió de pies a cabeza, como si la sangre estuviese a hirviendo en sus venas. Intentando atar la cinta a su muñeca, Katherine se rió para disimular su nerviosismo.
- Esa es una idea un tanto peligrosa, sir John. El clima por aquí es bastante imprevisible, y no sería de extrañar que acabases agarrándote un resfrío al quedar expuesto sin ropas.
Brandon le sacó el cordón de los dedos temblorosos, enlazándolo alrededor de la muñeca delicada para después sellar el nudo dorado con un rápido beso. Con mucha calma, murmuró :
- A su corazón no le gustaría de mantenerme caliente?
Ruborizándose , Kat fingió sacar una hilacha inexistente de la manga de su vestido color durazno.
- Por Dios , sir John! No estoy acostumbrada a comentarios tan... tan sugestivos como los tuyos. Dime una cosa: en la corte del rey Henry,
las mujeres qué acostumbran a apostar?
- Su Majestad es muy generoso con las mujeres, señorita Miranda. De noche, después que las mesas de la cena son limpiadas, él le da a cada dama una pequeña bolsita con monedas de plata, para que ellas apuesten en los juegos de cartas.
- Su Majestad es realmente bastante magnánimo. Y vos, también apuestas con fondos provistos por el rey?
- No , no, inocente Miranda. Yo tengo que proveerme mis propias monedas.
- Ah!
Mientras él se acomodaba la boina de terciopelo verde sobre los cabellos rubios, Katherine concluyó que el cambio de tema le ofrecía una oportunidad para poner a prueba la descripción poco gentil que su sobrino había hecho respecto al novio que le había sido enviado.
- Y lord Cavendish?
Los dos miraron a la otro pareja, sentado en un banco de piedra a una cierta distancia del área reservada para la práctica de los arqueros. Kat entonces levantó una ceja al ver la forma ostensiva y exagerada en el supuesto sir Brandon se inclinaba sobre Miranda. Y por qué su prima se estaba riendo de modo tan mundano? Qué tipo de chiste ese hombre le susurraba al oído? O sería algo más que un mero chiste? Sería posible que Miranda se hubiese olvidado de con quien sir Brandon estaba comprometido?
- Qué le pasa a lord Cavendish? - preguntó Brandon, sin sacar los ojos de la pareja. - Todo indica, que él parece hallar a su prima bastante... interesante.
- Eso parece.
Katherine desvió la mirada de la escena amorosa antes que acabase diciendo algo que traicionase su ardid. Midiendo las palabras, Brandon insistió en el asunto:
- Estábamos hablando de sir Brandon, recuerdas ?
- Es verdad. Dime , a él le gusta mucho jugar?
- Qué quieres decir con "mucho", señorita Miranda?
- Me gustaría saber si lord Cavendish apuesta grandes sumas cuando está en la mesa de juegos. Discúlpame la franqueza, sir John, pero como prima de Katherine, creo que debo preocuparme por el bienestar de ella. Es por eso que voy a preguntar directamente: sir Brandon pierde mucho dinero con esa clase de pasatiempos?
Detrás de ellos, la risa de Miranda hizo eco en el aire acompañada por los tonos graves de una carcajada de John. Mirando a ambos por sobre el hombro de Katherine, Brandon murmuró como para sí mismo:
- Sir Brandon puede acabar perdiendo su camisa y la piel debajo ella, si no empieza a cuidarse.
- Cómo?
- Bien, respondiendo a tu pregunta: sir Brandon es un excelente jugador en todos tipos de juegos. Puedo afirmar eso con conocimiento de causa, señorita Miranda.
Kat sintió su aliento caliente, junto a su rostro. Una vez más una oleada vertiginosa recorrió su cuerpo. Tal vez fuese el clima. Tal vez el viento dispersase algún tipo de polen que hacía que las personas se sintiesen un poco atontadas a media tarde. O quizás ella estaba necesitando un tónico; más tarde, iba a pedir a Sondra que le preparase uno.
Respirando profundamente , Katherine retomó la conversación:
- Y puedes jurar que mi prima no debe temer que sir Brandon gaste su fortuna en juegos de naipes u otras diversiones?
- Con el corazón y el alma, lo juro... . Mi amigo viene de una familia muy encumbrada de Northumberland, y posee una basta fortuna. Las cartas jamás lo tendrán esclavizado, como sucede con muchos otros hombres, entre ellos el sobrino de su prima.
- Vamos, pero cómo... Yo ... y mi prima nunca escuchamos comentarios respecto aeso . No podrías aclarar tu afirmación, sir John?
Una serie mas de risitas y carcajadas se oyó en el calor de la tarde. Curvando los labios en un gesto de irritación, Brandon sugirió :
- Vamos a dar una vuelta por las sendas del jardín , señorita Miranda. Me temo que tantos arrullos de estas dos palomitas acaben desviando mi atención .
Brandon le ofreció el brazo, y Kat no perdió tiempo en pasar su mano alrededor del codo de él. Por debajo de la manga de terciopelo verde, ella podía sentir la firmeza de músculos bien desarrollados. Y, por una fracción de segundo, se imaginó prisionera de un fuerte abrazo de su acompañante. De inmediato, sintió la boca seca.
Atravesaron una abertura entre los arbustos que daba acceso al intrincado jardín.
El pedregullo de la senda crujían debajo de sus pies, mientras recorrían el diseño geométrico formado por los caminos.
Cuando el área destinada a los arqueros quedó fuera de sus vistas y sus oídos, Katherine le recordó :
- Vos ibas a hablar de Fent... del joven sir Scantling, mi lord .
- Es verdad. Perdona la crudeza de mis palabras, pero él tiene una cabeza de asno.
Kat sintió los músculos de él tensarse debajo de sus dedos. Se preguntó entonces qué cosa podía haber hecho su alocado sobrino para despertar la ira de un lord tan noble como sir John Stafford.
- Habla conmigo sin medir las palabras, mi lord . No soy yo quien está siendo cortejada para un futuro casamiento.
- Pues deberías.
- Cómo?
- Bien, iba a decir que Scantling apuesta todas las noches en juegos de cartas, dados o en cualquier otro tipo de juego de azar. Una cierta vez llegó a apostar en una carrera de ratas!
- Qué horror!
- Es verdad. Y perdió esa apuesta también! Scantling tiene una increíble mala suerte y es visto con pésimos ojos por toda la corte. Su prima, Seguramente, no tiene conocimiento de eso, señorita Miranda, mas son los recursos financieros de ella los que, la mayoría de las veces, financian los desatinos de ese canalla. Él tiene obsesión por las apuestas, y nadie va a curarlo de esa enfermedad. Fenton Scantling perdería todo el patrimonio de lady Katherine en doce meses, a menos que yo...
Kat clavó los dedos en la manga del saco de él. Qué Dios la protegiese! Qué idiota había sido ! Fenton debía morirse de risa todas las veces que ella le enviaba una carta más de crédito a Londres!
Brandon se dio cuenta que Kat estaba paralizada.
- Señorita Miranda? Te pusiste tan pálida de repente... Perdóname por haber sido el portador de estas malas noticias ?
- Oh, no te preocupes por mí, sir John. Puedes no saberlo, pero haz hecho un gran favor. Es mejor que me lo hayas contado a mí . Mi prima es una criatura muy delicada, y no me extrañaría si la viese desmayarse por estas novedades. Por lo menos, yo soy hecha de material más duro.
- Ya me di cuenta , dulce Miranda. Y te felicito por eso.


De repente, Brandon se detuvo , se dio vuelta y rozó sus labios sobre los de ella. Esa caricia imprevista dejó la boca y el cuerpo de Katherine ansiando más.
- Sir John - ella murmuró, poniéndose en puntas de pie.
- Este es un título que uso como un sombrero en un día feriado - dijo Brandon, mordisqueando el lóbulo de la oreja . - Déjame probar tu miel otra vez, y pensaremos en el mañana cuando llegue.
Katherine suspiró cuando sintió la gran mano de Brandon abarcarle el rostro, sujetándolo con delicadeza. Ese gesto transmitía una ternura casi insoportable. Ni una sola vez, en los doce años de matrimonio, ella había sido acariciada de ese modo. Cerrando los ojos, entreabrió un poco más la boca.
Los labios de Brandon la capturaron en un beso imperioso. Con la punta de la lengua, él volvió a recorrer los contornos de la boca de Kat y después, audazmente, exploró su interior . La tomó entonces con fuerza entre sus brazos, acariciándole la espalda a medida que su lengua intensificaba el beso ardiente . Katherine saboreó la dulzura de esa boca con imprudente abandono, el cual jamás había experimentado. Tenía la impresión que estrellas coloridas danzaban delante de sus párpados cerrados.
Con el mismo gesto imperativo, Brandon abandonó el abrazo y se apartó un poco de ella, murmurando:
- Soy un tonto prisionero de su destino, dulce Miranda. Por favor,
perdóname.
En seguida, él giró sobre sus talones y la dejó en medio de la senda. Estrechando los ojos por el brillo del sol que comenzaba a ponerse, Kat llevó su mano a los labios mientras lo observaba dirigirse a los establos. Que clase de idiotez absurda acababa de cometer? Oh, cielos... su respiración volvía a la normalidad lentamente, pero ella sentía que las piernas todavía estaban demasiado flojas como para llevarla de vuelta a sus aposentos.
Incapaz de evitar que el recuerdo del beso la quemase por dentro, Katherine murmuró para sí misma:
- No , sir John, no sos el mayor tonto de las inmediaciones del castillo de Bodian. Hoy , ese título me pertenece.



Ayudando a Miranda a sentarse en uno de los bancos de piedras en un rincón del jardín , John le apretó un poco más la mano al declarar:
- En una tarde como esta sería posible desenmascarar a Cupido, disfrazado de mariposa espiando entre tus flores, adorable Katherine.
Miranda se estremeció con el tono melodioso de la voz profunda. Él exhalaba una fragancia embriagadora, mezcla de menta, madera y una esencia que le era característica. Esa combinación la dejaba un tanto perturbada.
Al percibir el pudor de ella, John no se resistió:
- Tal vez Cupido esté presente el día del casamiento. Ella sonrió y, llevando la mano a su pecho, cerró los dedos alrededor del cisne de perla colgando de la cadena de oro, diciendo:
- Yo ... te agradezco una vez más este espléndido regalo, sir Brandon. Ka... es decir , mi prima, se ríe de mí, dice que sospecha que yo hasta duermo con esta joya puesta.
- Ojalá pudiese yo dormir con vos. ..
Miranda humedeció los labios repentinamente secos antes de responder:
- Todo tiene su momento, mi lord , todo tiene su momento. Soy una mujer honesta, y prefiero esperar hasta que los votos matrimoniales sean pronunciados para después...
Acomodándose al lado de ella, John le pasó el brazo por la cintura y se corrigió:
- Tienes razón, querida dama, no debes permitir que me olvide de los buenas modales. Me temo haberme convertido en una persona demasiado liberal debido al ambiente en la corte. Por favor, perdóname.
- No hay nada que perdonar, mi lord . Me alegra saber que el novio está a tan ansioso por llegar al el día del casamiento.
- Es bueno que lo esté .
- Cómo? Creo que no entendí, mi lord .
- No es nada, mi querida. Se trata apenas de una promesa que me hice a mí mismo: el día de tu casamiento, tu novio será todo lo que te mereces... y más todavía.
- Ah!
John acarició el rostro de ella con el dedo pulgar, después le apartó una mecha de cabello de la frente. A punto de retomar la conversación, fue interrumpido por el ruido de leves pisadas sobre el pedregullo. En cuestión de instantes Violeta, una de las criadas de cuarto, se aproximó y se curvó delante de ellos.
- Señorita .. mi lady Kat... Su ... su prima dijo que el aire ahora se está poniendo muy frío para un romance en el jardín, y pide que ustedes se unan a ella y a lord Stafford delante de la chimenea del salón.
John trató de levantarse y, en un gesto instintivo, miró la luna que se asomaba. Después le ofreció la mano a Miranda, preguntando:
- Vamos a ponernos bajo la vigilancia de tu celosa prima, mi lady?
Ella también se levantó y, mientras alisaba sus faldas, respondió:
- Si, me parece una buena idea. Gracias, Violeta. Ve a decirle a mi prima que ya estamos yendo.
La muchacha volvió a curvarse, le hizo un guiño de ojo a Miranda y salió corriendo entre las sombras, riéndose ruidosamente.
Con los labios apretados, sir John indagó :
- Dulce Katherine, tus criados tienen algún tipo de enfermedad nerviosa?
Miranda enlazó su brazo en el de él y, cuando empezaron a caminar rumbo al castillo, retrucó :

- Por qué me lo estás preguntando , mi lord ?
- Desde que llegamos aquí, todas las criadas te han estado haciendo guiños de ojo , soltando risitas nerviosas, intercambiando miradas y codazos. Mi cara o mi físico son motivo de broma?
- Oh, no, mi lord . Sospecho que ellas actúan así porque casi nunca hay hombres extraños por aquí. Cuando vos y sir Stafford llegaron, acompañados por un Ejército de sirvientes, nuestras doncellas simplemente no sabían qué hacer o cómo reaccionar. Perdona sus malos modales. Ellas son muchachas de campo .
John corrió la barra del portón , manteniéndolo abierto para que Miranda pasase. Después, retomó el tema:
- Eso me lleva a otra cuestión, mi lady.
- Si?
- Noté que tus criadas tienen nombres de flores: Azucena, Amor Perfecto, Rosa, Violeta... Cómo es posible? Todas son hijas de jardineros?
- Ah, me imaginaba que te iba a extrañar, mi lord ! No, los nombres verdaderos de ellas son María, Ana y Margarete, lo que es comprensible cuando se sabe que las tres parroquias de los alrededores son Santa María. Santa Ana y Santa Margarete.
- Si...
- Cuándo Fitzhugh murió, mi prima despidió a todos los criados de él, y puso en su lugar a las hijas de los campesinos pobres de esta región .
John se detuvo de repente, mirando los ojos de ella.
- Tu prima hizo eso ? Y por qué no fuiste vos la responsable de esa decisión ?
- Es que yo... Bien, mi prima me ha servido como ama de llaves por muchos años, sir Brandon. Ella sabe mucho mejor que yo como administrar una propiedad, lo que es un grande alivio para mí. Y fue idea de... de ella que llamásemos a las criadas con nombres de flores, en vez de María uno o María dos. Una manera para evitar confusiones.
Sir John retomó los pasos y Miranda trató de acompañarlo, agradeciendo a los cielos. Era demasiado difícil mantener la calma y el raciocinio ya que, cada vez que el guapo lord la miraba a los ojos, tenía la sensación de derretirse como hielo al sol.
Aclarando la garganta, él prosiguió:
- No quiero molestarte, principalmente al principio de una noche tan agradable como esta, pero... ya que tocaste el tema, cuéntame cómo falleció tu marido . Oí decir que fue una muerte súbita.
Miranda apretó los dientes ante el recuerdo del odioso Fitzhugh y de los últimos momentos que él había pasado en esta Tierra, pero no se privó de decir:
- El médico dijo que la causa de la muerte fue un derrame cerebral, mi lord . Él murió golpeando a mi prima.
Esa vez John Stafford se detuvo tan repentinamente, que Miranda casi se chocó con él. Trayéndola junto a sí, el caballero preguntó en un tono furioso:
- El golpeaba a tu prima?
Encogiendo los hombros, Miranda encaró la mirada severa. Katherine tenía buenos motivos para odiar la simple mención del nombre de Fitzhugh, y su prometido necesitaba saber que ella había llevado una vida infernal durante el segundo matrimonio. Tal vez así tratase a Kat con todo el cariño que ella merecía.
- Si, Fitzhugh tenía esa costumbre. A veces usaba un cinto, a veces un pequeño látigo con tiras de cuero, a veces sus propias manos. En su perversidad, él parecía adorar oírla gritar y verla sangrar.
- Por Dios! Por qué vos no se lo impedías? No eras su esposa?
Si, realmente era vergonzoso recordar las veces que ella se había escondido en un compartimento de los establos o mismo debajo de la cama. En una voz casi inaudible, Miranda murmuró :
- Fitzhugh trataba a su esposa como trataba a sus criados o peor. Nadie se atrevía a intervenir contra el lord del castillo. Y era un dulce alivio cuando él se iba a la corte por uno o dos mese. En el fondo, nuestra vida se convirtió en un paraíso en la Tierra después de su muerte. Ni una sola persona lloró en su funeral.
- Oh, mi pobre!...
John la tomó en sus brazos en un gesto protector. Entregándose a los deleites de ese contacto tan íntimo , Miranda colocó sus manos contra su pecho .
- Me gustaría de pedirte un inmenso favor, sir Brandon.
- Pide lo que quieras, querida.
- Cuando te cases , prométeme que nunca levantarás la mano contra tu esposa y que siempre vas a tratarla con cariño. Por favor, te imploro que me prometas eso.
- Prometo por la esperanza de que mi alma encuentre la salvación eterna. Juro que sir Brandon Cavendish jamás tocará a su preciosa esposa a no ser en un gesto de cariño.
- Tendré una deuda de gratitud para con vos por el resto de mi vida, mi lord . No puedes imaginar cuan feliz me haces.
- Y te haría mucho más feliz todavía, si eso estuviese a mi alcance.
John inclinó la cabeza para besarla. Pero Miranda se dio cuenta de su intención y se soltó de los brazos fuertes. Si permitiese ese beso, no sabría como recobrar el control.
- Está haciendo frío , mi lord . Vamos a volver al castillo.
Dándole el brazo, él concordó :
- Tienes razón, mi querida.
- Yo ... Bien, quería hacerte un último pedido, sir Brandon. Por favor, nunca toques ese tema con a mi prima. Ella estuvo deprimida por mucho tiempo después de la muerte del marido.
Parándose al pie de los escalones que llevaban a la puerta de acceso al castillo por el jardín, John colocó las manos en los hombros de ella y la miró profundamente a los ojos verdes.
- Te doy mi palabra, mi lady. Jamás le diré una palabra sobre eso. .. a ella.

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