viernes, 9 de octubre de 2009

LA HERENCIA - CAPITULO 6 - SANDY BLAIR

CAPITULO 6



- Estás mintiendo! Cameron se levantó con tanto ímpetu que la silla se cayó hacia atrás. Si ellos hubiesen perdido la batalla, retrocederían y se reagruparían para un nuevo ataque.
Además, Francia habría enviado tropas e incluso barcos para darles apoyo.
- No, no es mentira. Mucha gente murió. Fue terrible. Cuando se hizo evidente que la causa estaba perdida, el príncipe Charles huyó a la isla de Skye, disfrazado de criada, con la ayuda de una mujer llamada Flora MacDonald.
El muy miserable había convocado a sus súbditos para luchar y había huido!
- Qué pasó con los escoceses que habían quedado en sus hogares? - Cameron quería saber de su propio clan y de otros.
- Todos los combatientes de las Highlands fueron muertos en batalla. Los que sobrevivieron fueron ahorcados o deportados. Mujeres y niños fueron asesinados o abandonadas. Los lords perdieron el poder de gobernar. Fue una masacre.
Lágrimas ardientes inundaron los ojos de Cameron, que se pusieron rojos de ira. Cerró los puños y golpeó la pared con tanta fuerza que un golpe de aire sacudió los vidrios de la ventana. Había llegado a su limite. Necesitaba espacio. Necesitaba estar solo. Necesitaba despertar de esa pesadilla antes de enloquecer.



Dos horas después, sentado en un muelle , Cameron miraba los barcos que se deslizaban suavemente por el canal, aunque no tuviesen velas. El viento penetraba su piel por más que apretase la manta escocesa de Claire. Lágrimas se deslizaban copiosamente por sus mejillas sin que intentase contenerlas.
La historia no tenía sentido. Nadie podía dormir por casi tres siglos y simplemente despertar como si apenas una noche hubiese pasado. A no ser por arte de magia. La clave era Claire MacGregor. Esperaría el momento oportuno para obligarla a revertir el hechizo. hasta entonces, aprovecharía para reunir conocimientos de modo de poder transmitirlos después a su clan e impedir que su pueblo fuese diezmado.
La divagación de Cameron fue interrumpida por la llegada de una carruaje blanco y negro con ruedas metálicas, de donde bajaron dos hombres vestidos de azul oscuro que intentaron apoderarse de su espada. Como él se negaba a entregársela, los sujetos hablaron dentro de una cajita negra y dijeron que precisaban refuerzos.
A partir de ese instante, Cameron perdió el control de la situación. Los hombres tomaron la espada contra su voluntad y le ordenaron que levantar las manos. En vez de eso, Cameron sacó el puñal escondido debajo del brazo.
Antes que hubiese reaccionado. Algo metálico disparó contra su pecho . El dolor fue tan intenso que vio todo negro. Cuando volvió en sí, tenía los puños amarrados en la espalda. Con pésimos modales, lo empujaron fuera del carruaje, a donde él no se acordaba haber entrado, y lo metieron adentro de un edificio de ladrillos rojos.



- Documentos?
El se acordaba que Claire había mencionado algo así. No tenía la menor idea de que se trataba.
- Nombre?
- Sir Cameron MacLeod.
Dos mujeres entraron en el recinto en ese momento. El guardia tuvo que repetir la pregunta debido a su distracción. Nunca
había visto a nadie con cabellos rojos o verdes antes.
- Dirección ?
- Castillo Rubha, Escocia. El hombre suspiró irritado.
- En Boston?
Como la tienda de Claire era el único lugar que conocía en la ciudad, Cameron dio el nombre y también la dirección.
- Fecha de nacimiento ?
- El último día del año de nuestro Señor de 1716.
- Por qué siempre soy yo el que tiene que fichar a los lunáticos? - Cameron oyó al hombre rezongar. -Ocupación ?
- Soldado.
- Persona que debe ser informada en caso de emergencia?
El sentía fuertes dolores en el pecho , en las costillas y en los brazos. Tal vez pudiese considerar eso como una emergencia. Y su única referencia en Boston era...
- Claire MacGregor.
Terminado el interrogatorio, el hombre retiró las esposas y le ordenó que colocase el cinturón en una caja. Como Cameron se negó a entregarlo, el hombre se lo sacó a la fuerza y lo llevó a una sala donde un sujeto de delantal blanco se colocaba guantes.
- Ahora, cuando alguien me pregunten qué usan los escoceses debajo del kilt, ya sé que responder! - el hombre comentó.
A Cameron no le importó la burla , pero en el momento que recibió órdenes de ponerse de espalda , ponerse en cuatro patas sobre una estrecha litera cubierta por una sabana blanca y separar las piernas, él procedió de la única manera honorable posible.


Claire le pagó al vidriero, aliviada porque el estrago no hubiese sido muy grande esta vez, y subió al apartamento de la señora Grouse, Incapaz de cargar sola el peso de su secreto, ella lo había compartido con su vecina.
- No tienes idea de a donde él puede haber ido?
- él estaba desesperado - Claire respondió con un movimiento negativo de cabeza. - Debe haberse metido en algún lío, o ya habría vuelto.
El teléfono sonó en ese exacto instante.
- Hola ? - Claire casi derribó la mesa en su prisa por atender.
- Señorita Claire MacGregor, por favor.
- Habla ella.
- Le habla el sargento Tillis, del 23º Distrito. Conoce algún Cameron MacLeod?
Oh, no...
- Si. Qué pasó ?
- Su amigo fue detenido por portar una arma sin permiso de portación y resistirse a la autoridad.
- Estoy en camino.
Cuando anotó la dirección, Claire le explicó la situación a la señora Grouse y llamó un taxi. Seguramente tendría que pagar una fianza para sacar Cameron de la cárcel. Ah, si Tavish estuviese allí!
- Buena suerte! - La señora Grouse abrazó a Claire. - La cena estará lista cuando ustedes lleguen.


En la delegación policial, Claire fue informada que Cameron
debía presentarse en la Corte el día 4 de marzo de 2008 a las ocho de la mañana. La fianza fue establecida en cinco mil dólares. Sin poseer esa suma en su cuenta bancaria, Claire la pagó con su tarjeta de crédito.
Sorprendido porque Claire se hubiese tomado el trabajo de venir a sacarlo y que encima hubiese pagado un rescate, Cameron firmó los papeles que las autoridades le entregaron, sin discutir. Hasta que que notó la falta de la espada y del puñal, cuando las botas, la manta y el cinturón le fueron devueltos.
- Esa evidencia quedará retenida hasta el juicio - el guardia informó.
Alarmada con el súbito rubor que subió por el cuello de Cameron, Claire lo sujetó por el brazo. Sus músculos contraídos parecían de piedra.
- No digas ni hagas nada! - El tono de voz de Claire no admitía réplica. - Ese hombre nos dejó salir. Más tarde recuperaremos tus armas.
Ella todavía no sabía qué tendría que hacer para lograr eso.
Probablemente llevar el caso a un abogado. Antes que cualquier otra cosa, necesitaría comprar ropas normales para que Cameron pudiese circular por la ciudad decentemente.
Fue con dificultad que Claire logró convencer a Cameron a subir a un taxi. El se aferró al asiento del frente como una criatura asustada. Pero al poco tiempo, fue perdiendo el miedo. Descubrió que ese carruaje amarillo era diferente del otro, negro y blanco con luces rojas y azules en el techo, y que ese conductor no pretendía lastimarlo. También descubrió que en Boston las personas llamaban a los carruajes autos, automóviles o vehículos, y que todos podían tener uno o más, dependiendo de sus condiciones financieras.
- Vos tienes alguno? - Cameron quiso saber.
- No. El dinero que gano no alcanza para comprar un auto. Yo uso transportes públicos. Omnibus, subte, taxi...
Cameron sacudió la cabeza. Ese lugar era muy loco . Claire MacGregor era una buena muchacha. Ella no tenía dinero, pero había gastado una fortuna con él. Debía compensarla de alguna forma. El era un hombre de honor.
El corazón de la ciudad, con sus rascacielos y las calles profusamente iluminadas, fascinaron a Cameron. El miraba a todos lados y hacia arriba con total deslumbramiento.
- Estamos en el distrito financiero de Boston. aquí están los grandes bancos, casas de cambio y aseguradoras. Pronto llegaremos al centro comercial.
La atención de Cameron fue desviada de las calles apiñadas y a las casas con fachadas de vidrio hacia el hombre que estaba conduciendo el taxi. Observó el modo en que él giraba la rueda delante suyo y pisaba los pedales. No parecía algo difícil de hacer. El pedal derecho hacía que la máquina andase y el izquierdo que parase.
- Ustedes deben ser religiosos - dijo Cameron al ver a otro hombre vestido de rojo, con barba blanca, sacudiendo una campanilla. - Nunca vi tantos obispos juntos.
Claire se inclinó sobre Cameron para mirar por la ventana. El se olvidó de los obispos, por un instante. Tuvo que cerrar los ojos ante el suave aroma a lavanda que lo envolvió.
- No son obispos, sino hombres comunes y corrientes disfrazados de Papá Noel. Trabajan como voluntarios para el Ejército de Salvación, recolectando donaciones para ayudar a alimentar y a abrigara los pobres.
En seguida el taxi se detuvo y Claire le dio varios rectángulos de papel verde al conductor. Al verla levantar la traba para abrir la puerta, Cameron le hizo una seña para que ella le delegase esa tarea. Afuera estaba frío y sus pies se hundieron en la nieve sucia, pero él ahora usaba las botas que la señora Grouse le había dado y se regocijó por estar pisando nuevamente tierra firme.
- Mi lady. - Cameron dobló su cuerpo en una reverencia y extendió la mano.
Claire vaciló. Parecía sorprendida con el gesto de él, pero le agradeció con una sonrisa. Después de eso, caminaron por la calle, ella se quedó en silencio.
Cameron se estaba sintiendo mal. Debería haber sido él quien le agradeciese. Necesitaba tragarse su maldito orgullo. Cuando surgiese una oportunidad, le diría que pretendía compensarla por tantas tribulaciones.

Un grupo de personas estaba entrando y saliendo de una casa grande como una montaña. Claire mostró intención de entrar. El la siguió y aprovechó la posibilidad que se presentaba. Protegidos del frío y del viento, él le dijo cuanto apreciaba todo lo que ella estaba haciendo para ayudarlo.
El modo en que Claire le sonrió para él fue su mejor recompensa. Ahora le restaba hacer justicia a tanta confianza. El era un guerrero. Debía protegerla con su propia vida si fuese preciso.
- Me gustaría que v me llamases Claire.
- Siempre y cuando vos me llames Cam.
- Muy bien , Cam. - Claire volvió a sonreír . - Te traje aquí para comprarte algo de ropa , antes que vuelvan a capturarte, esta vez por atentado al pudor.
En el departamento masculino de Macy's, Claire se sentía como si acabase de bajar de una nave espacial. Todos miraban a ella y a Cameron, y se daban vuelta para observarlos y señalarlos. El no parecía estar notando eso. También se detenía a mirar y tocar todo por donde pasaban .
Claire separó algunos pantalones jeans, algunas camisas y algunos sacos. Al darse vuelta para entregar las prendas para que Cameron pudiese probárselas, él había desaparecido. Lo Buscó entre los exhibidores. Descubrió su paradero por los comentarios acalorados de dos mujeres.
- Qué hombre! Me encantaría despertarme con sus botas debajo mi cama y su cuerpo sobre el mío. Creo que volveré a la
escalera mecánica sólo para verlo una vez más antes de irnos.
Aunque quisiese enojarse por el susto, Claire no podría Cameron parecía un niño en su primer visita a una juguetería. Al llegar a lo alto, bajó por la otra escalera, para volver a subir. Estaba riéndose solo. Y era un placer de otro mundo ver los hoyuelos en sus mejillas.
- Claire!
Sin que ella necesitase pedírselo, él vino a su encuentro, usando la baranda de la escalera como un caballo. Las personas aplaudieron y él hizo una reverencia de agradecimiento.
Dios! Estaba perdida!

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