domingo, 26 de julio de 2009

EL BARBARO - CAPITULO 26 - LOIS GREIMAN

CAPITULO 26


- Estás linda, Amelia. - Fleurette abrazó el cuerpo menudo de su amiga. Habían pasado tres días desde que había hecho el papel de idiota en los bosques de Gardner, un contratiempo que a ella le gustaría borrar definitivamente de su memoria. - Recibe mis más sinceros deseos de felicidad.
El vestido de novia de Amelia era hecho de lino blanco que estaba de moda, y una grinalda confeccionada del más fino encaje le cubría los cabellos meticulosamente peinados.
- Oh, Muchas gracias , Fleurette. Gracias, desde el fondo do mi corazón . Estoy tan feliz!
A pesar del clima de fiesta, Fleur no lograba animarse. Qué le estaba sucediendo? Si ya era una tontería dejar que esa estúpida corbata dejada sobre su cama le estropease el humor, correr por los bosques como una idiota y luego ... Para después ir a refugiarse al pecho de ese insoportable como si él fuese la respuesta a sus plegarias. Santo Dios, sería posible que no hubiese aprendido nada? Los hombres eran peligrosos, y ese escocés en particular. Cómo había podido ser tan imbécil ? Ese bárbaro podría haberla partido al medio con sus manos. O algo peor, podría... apartando pensamientos tan inquietantes, ella dijo a la novia:
- Voy a rezar para que siempre seas tan feliz como está hoy.
- Oh, estoy segura que lo seré. El casamiento ... - Amelia volvió su mirada a su marido, quien se hallaba en medio de la multitud que los felicitaba por la boda. Con lagrimas que le nublaban los ojos, la joven pasó su mano por el delicada encaje que adornaba la pechera de su vestido. - El casamiento es un momento mágico, es algo que te conmueve hasta el alma . Como el primer día de primavera después de un invierno muy riguroso.
- Qué imagen adorable - comentó Lucille, aproximándose de ella por la espalda. - Concuerdo plenamente.
- De verdad ? - Amelia soltó las manos de Fleurette para tomar a la condesa en un fuerte abrazo. - Me alegra mucho oírte decir eso, sabías? Llegué a temer que, después una unión tan afortunada con lord Anglehill, vos nunca más volvieses a sentirse así en relación al matrimonio.
- Matrimonio? - Lucille se apartó para mirar a la novia con un aire extrañado. - Pensé que estabamos hablando de una buena botella de vino blanco.
- Eres incorregible ! - Amelia la reprendió , y le habría dado un sermón si el novio no acabase de aproximarse a ellas.
El tenía dientes de conejo , el vientre abultado y, a pesar de su joven idad, comenzaba a quedar calvo. Aún así Amelia lo amaba locamente.
- Lady Glendowne, lady Anglehill - saludó él con una reverencia, después dirigió una sonrisa radiante a su esposa. - Es un placer saber que pudieran venir a presenciar el día más feliz de toda mi vida.
- Nuestras vidas - Amelia lo corrigió, luego enlazó su brazo en el de él.
- Si, nuestras vidas - él concordó antes que un grupo más de invitados envolviese a los dos en una inmensa oleada de abrazos y palabras de felicitaciones.
- Y entonces - Lucille se daba vuelta hacia Fleurette con su acostumbrada altivez -, Cómo ha estado tu vecino celta?
- No sé ni me interesa. - Tomando una copa de la bandeja que un criado les ofrecía, Fleur la llevó a los labios para sorber un largo trago . Ya hacía días que sus nervios andaban tensos, y el barullo y el ajetreo típicos de un casamiento seguramente en nada iba a ayudar a calmarlos.
- Cómo es eso ? - Lucille también se sirvió champagne. -No puedes ser que no lo hayas visto. Sería imposible no ver a un hombre de ese tamaño.
Pasando los ojos por la multitud, Fleurette llegó a la conclusión que lo que más quería era estar en su casa, reconfortada a la sombra del Celta Melancólico. Pero a continuación trató de evitar esa línea de pensamiento para declarar en un tono enfático:
- El no es lo que piensas.
- No ? Y yo que pensaba que él era un hombre. Y de los más interesantes. - Levantando una ceja, Lucille tomó un trago de vino espumante. - Estoy equivocada?
Los recuerdos asaltaron a Fleur: humo de tabaco de cigarro, cascos de caballo en la oscuridad, y terror.
- Discúlpame - dijo ella, queriendo apartarse -, parece que acabo de ver a lord...
- Fleurette - Lucille la sujetó por el brazo - qué está sucediendo?
Los temores se agigantaban en la mente de ella. El temor le golpeaba el corazón .
- Qué pasa? - Súbitamente el rostro de la condesa estaba destituido de la máscara de tedio del que ella se servía en ocasiones como esa. La preocupación que sus ojos expresaban era innegablemente verdadera. - Hice algo que te molestó ? Perdóname.
- No, no. De ningún modo . - El nerviosismo que acometía a Fleur parecía intensificarse. - Creo que... tal vez sea mejor que me vaya.
- Qué pasa? - Lucille apretó un poco más el brazo de ella. - Fue el escocés? El te hizo algo malo o ...
- No. No, yo... - Fleurette se dio cuenta que estaba a punto de llorar ante a sensación de hallarse a la deriva en un mar de dudas y desconfianzas. Mirando a su amiga a los ojos, acabó por confesar: - No sé qué hacer, Lucille.
- Pero, cuál es el problema? - Aproximándose un poco más, la condesa le cuchicheó : - Vos no estarás embarazada?
- Embarazada! - Por poco ella no se rió de lo absurdo de la idea. - No, claro que no. Qué te llevó a pensar que... Por qué...
- Por qué ? - Ahora era Lucille quien se mostraba extrañada. - Crees que soy ciega?
- Pero yo jamás concebí la posibilidad de...
- He notado la manera en que lo mirabas.
- Yo ... - Tomada de sorpresa, Fleurette reprimió una sonrisa . - Te estás refiriendo a sir Killian?
- Hay algún otro?
- Yo ... Vos ... estás loca. - ella intentó desprender su brazo, pero la condesa no la soltó.
- Entonces qué está sucediendo? Fleurette, por favor. Sé que me porto como una tonta a veces, como si no me importase o... Pero vos sos la única amiga de verdad que tengo en el mundo. Por favor, perdóname su ofendí de alguna manera, pues, te juro, que no fue a propósito. Déjame ayudarte, si?
- No puedo. - Fleur sacudió la cabeza en un gesto desconsolado. - Creo que nadie puede ayudarme.
- Qué es lo que tanto te está preocupando ? Problemas financieros? Si necesitas dinero, sea lo que fuera, yo puedo...
- Lady Lucille.
Fleurette bajó los ojos al piso intentando ocultar sus emociones al ver que Stanford se había aproximado.
- Ustedes dos están especialmente encantadoras esta noche. Pasa algo...
- Fleur tiene problemas - Lucille lo interrumpió.
- Qué? - El tono de Stanford denotaba sincera preocupación. - Qué pasa?
- Nada. Todo está bien. - Aclarando la garganta, Fleurette se impuso una sonrisa . - Estoy cansada, sólo eso. Tuve un día atribulado.
- Porque trabajas hasta quedar exhausta - comentó su concuñado. - Debes dejar que tus criados asuman mayores responsabilidades.
- Seguramente tienes razón - concordó ella. - intentaré seguir tu consejo , pero, por ahora, creo que lo mejor que puedo hacer es volver a Briarburn.
- Y dejar esta fiesta tan agradable? De ningún modo - Stanford fue enfático. - Vos todavía me debes ese baile de la reunión de lady Anglehill, lo olvidaste?
- Lo siento mucho , Stan. De verdad. - La impaciencia comenzaba le hacía latir la cabeza . - Prometo saldar mi deuda en otra ocasión.
- Bien, si crees que...
- No - intervino Lucille. - Baila con ella, Stanford. Intenta descubrir lo que esta afligiendo a nuestra muchacha.
- Vamos , Lucille... - Fleurette intentó protestar, pero el barón ya le tomaba la mano.
- Por favor, mi lady, no soporto verte triste. Baila conmigo.
- Oh, está bien. - Y con eso ella le permitió arrastrarla en dirección al salón de baile.
Los movimientos de Stanford eran leves y armoniosos. El permaneció callado por algunos momentos, conduciéndola por entre las demás parejas, luego le pidió:
- Por favor, dime que no soy quien te está importunando.
- No, Stanford. - Fleurette intentó fijar sus ojos en los de él. - Claro que no. Vos sólo has sido gentil y paciente desde el día en que nos conocimos.
- Eso me alivia. Después que me esquivaste en la velada en la casa de Lucille, llegué a pensar que...
- Perdóname por haber sido tan intempestiva esa noche. - ella le tocó el rostro levemente. - Vos siempre fuiste tan bueno conmigo , no era mi intención amargarte. Pero sucede que... bien, creo que no tengo sido yo misma últimamente.
- Verdad ? Y quién has sido? Alguien igualmente encantadora, apuesto.
- Gracias.- Fleur devolvió la sonrisa que él había le dado. - Te pido que me disculpes. No debería de comportarme de un modo tan infantil en el casamiento de Amelia.
- No se trata de infantilidad. Estás preocupada por algo. Puedo verlo en tus ojos.
Ella negó con la cabeza.
- Lucille también se dio cuenta , y sabes que ella nunca se equivoca. Déjame ayudarte, Fleurette. Qué está sucediendo?
Por más que ella quisiese evitar el tema , sabía que amigos eran una dádiva infrecuente. No sería justo ignorarlos o, peor, engañarlos con mentiras.
- Sabes, Stan, estuve pensando...
Antes de perder el coraje, Fleur continuó :
- ... en la muerte de Thomas.
Stanford le apretó la mano. - La muerte de Thomas fue una tragedia.
- Si. Si, pero hay algo de que vos no sabes... Algo... terrible.
- Fleur, mi querida. - Trayéndola más cerca , el barón le permitió ocultar el rostro contra el hombro de él. - Qué pasa? Cuéntame. No te encuentras en algún tipo de apuro?
- No sé. Tal vez ...
Después un momento de vacilación, Stanford se apartó para examinar el rostro de ella y, dejando de bailar, la condujo en dirección a las puertas que daban al jardín. En cuestión de instantes, Fleurette se dio cuenta que encontraba un cierto alivio al sentir el aire fresco de la noche envolverle las mejillas acaloradas.
Standford insistió :
- Ahora cuéntame qué anda pasando por esta cabecita.
- Yo sólo intenté ser una buena esposa. Sabes eso, no ?
Aunque se mostrase sorprendido con la pregunta, Stanford fue categórico:
- Claro que si. No conozco esposa que haya sido ni más bella ni más leal que vos.
- Me gustaba de él. De verdad, aún cuando... - Sintiendo el corazón a punto de saltarle por la boca, Fleurette llevó la mirada a los ojos del barón. - Me gustaba de él.
- Claro. Eso era muy evidente.
- Entonces vos no crees... en lo que las personas piensan ... que yo , indirectamente, soy la responsable de la muerte de él?
- Claro que no!. - Stanford sujetó la mano de ella. - sólo un loco podría pensar semejante tontería. Pero, por qué llegaste a pensar una cosa así ?
- Ha sucedido... - Fleurette sacudió la cabeza. - Nada. No es nada.
- Es obvio que algo está sucediendo, Fleur. Alguien te estuvo asustando . Quién fue? - El semblante de él había perdido cualquier aire de gracia. En el lugar del Stanford inofensivo que ella conocía hacía tanto tiempo ahora había un hombre severo profundamente preocupado por el bienestar de su amiga.
- Yo no...
- Alguien te ha importunado ? - él se aproximó de modo que Fleurette no tuviese otra alternativa que mirar de frente.
- Hay un hombre... - ella respiró profundamente . - El nombre de él es Kendrick.
- Kendrick?
- Lo conocí no hace muchos días.
- Y?
- Bien, él. .. él me abordó...
- Abordarte! Por Dios, Fleurette, y vos no me dijiste nada? Ni ..
- No, no. Me entendiste mal. El señor Kendrick vino a hablar conmigo cuando dejé la fiesta de madame Gravier. Yo iba caminando en dirección a mi carruaje cuando él se aproximó y se presentó como... él dijo que era primo de Thomas.
- Pero, qué tontería es esa? Thomas no tenía ningún primo . Yo era su pariente más cercano, y eso porque me casé con la hermana de él.
- Eso fue lo que siempre pensé. Pero Kendrick habló... él. ..
- Ese hombre te amenazó , Fleurette?
Ella intentó mover a cabeza para decir que no, pero Stanford le sujetó el mentón y la obligó a mirarlo mientras decía:
- Deja que me ocupe de eso por vos.
- Como? Yo...
Llevando el dedo a los labios de ella esperando callarla, el barón afirmó :
- Sé que me consideras un hombre blando y superficial . Y tal vez lo sea. Pero no soy completamente obtuso y conozco algunas personas importantes.
Ella no sabía qué decir. Stanford entonces concluyó :
- Y ciertamente vos ya te diste cuenta lo que siento por vos.
- Has sido un verdadero hermano para mí. Yo no habría sobrevivido a esos primeros meses si no fuese por tu ..
- Yo quería ser más que eso.
- Cómo? - Fleurette tuvo la impresión que el mundo a su alrededor parecía haber enloquecido.
- Entiendo que tal vez vos todavía no te hayas dado cuenta de lo que significas para mí. Pero eso no disminuye lo que siento por...
- Stanford. - ella le sujetó las manos. - Si por casualidad te di algún motivo para imaginar que yo planeaba casarme nuevamente...
- Shhh... - El barón volvió a apoyar el dedo en los labios de Fleur, silenciándola. - Yo te Amo . Y no es de hoy. Pero eso no significa que tengamos que cambiar el modo en que nos relacionamos. Voy a ver que puedo descubrir sobre ese señor Kendrick y después trataré de hacer con que él deje de asediarte. Independientemente de lo que sientes por mí. - Stanford sonrió. - O no sientes.
- Stan...
El le besó los labios. Una caricia suave como un suspiro e igualmente efímera. Fleurette se quedó pasmada.
- Ven - la voz de Stanford no ninguna inflexión -, voy a acompañarte hasta tu casa.
Intentando razonar, ella sacudió la cabeza .
- No quiero presionarte - el barón le aseguró. - Mejor todavía: no volveremos a hablar sobre eso, si esa es tu voluntad . Yo sólo quería que vos tuvieses en mente, que si llegas a cansarte de estar sola, que para mí sería un honor poder cuidar de tu bienestar y de tu felicidad.
Fleurette todavía pensaba en que decir. Tomándole la mano, Stanford la condujo en dirección al carruaje de ella. Al verlos aproximarse , Horace abrió la puerta del vehículo y bajó el estribo, después, con un gesto respetuoso, fue tomar su lugar en el asiento del frente .
- Gracias - Fleur murmuró, sintiéndose incapaz de enfrentar los ojos bondadosos d esu concuñado. - Ya estoy me sintiendo mucho mejor, pero creo que preciso un tiempo para pensar. Para reflexionar respecto a lo que me dijiste.
- No me parece que sea una buena idea que estés sola, Fleurette. - él parecía verdaderamente preocupado. - por lo menos no esta noche.
- Pero no estaré sola. - Al forzarse a sonreír, ella se dio cuenta que realmente se sentía un poco más aliviada. - Tengo la compañía de Horace.
Stanford miró de reojo al conductor antes de preguntar :
- Estás segura que vas a estar bien?
- Absolutamente. - Levantando el brazo, Fleur tocó el mentón de él. - Y gracias a vos. No sé cómo agradecerte, Stanford, querido.
El barón le agarró el brazo para que pudiese besarle la palma de la mano. Ella no sintió rigurosamente nada.
- Siempre será un placer poder ayudarte.
Fleurette le permitió ayudarla a acomodarse en el carruaje y, poco después, el vehículo se ponía en movimiento. Después de saludar a su amigo con la mano , Fleur esperó verlo desaparecer a la distancia y cerró los párpados mientras suspiraba profundamente. Pero entonces un ruido la hizo abrir os ojos ya en pleno estado de alerta... para encontrarse con Killian de Hiltsglen acomodado en el asiento en frente al suyo, justo delante de ella.

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