domingo, 12 de julio de 2009

EL BARBARO - LOIS GREIMAN - CAPITULO 8

CAPITULO 8



Después de largos minutos de inseguridad y perplejidad, el mundo volvió a la normalidad. Recuperada del susto, Fleurette giró la cabeza hacia un lado lentamente. Filie se hallaba otra vez seguramente apoyada sobre sus cuatro patas. La montura se encontraba atravesada sobre el lomo del animal, y las riendas se habían partido. Ella, por lo que parecía, estaba sana y salva.
Cerrando los ojos, Fleur apretó los labios mientras se censuraba mentalmente. No era ninguna jovencita adolescente propensa a andar con la cabeza en las nubes por un forastero arrogante.
Nada más natural que un hombre inoportuno como ese la perturbase con las tonterías que decía, pero de ahí a permitir que esa irritación la perturbase al punto de cegarla a lo que ocurría
a su alrededor era traspasar todos los límites del sentido común . Después de todo , ya había lidiado con toda clase de personas desde que había asumido el control de Carruajes Eddings y jamás se había comportado de un modo tan pueril.
Bien, como todo estaba en orden, lo mejor que podía hacer era retomar su camino para ir a cuidar de sus responsabilidades. Y , con esa idea en mente, ella apoyó sus manos en la tierra húmeda con el objetivo de sentarse.
- Qué diablos piensas que estás haciendo?
Al darse vuelta con un sobresalto, ella vio al escocés a poco más de un metro de distancia de allí.
- Pero... qué... - Fleurette tuvo que mirar en todas direcciones buscando el caballo de Hiltsglen hasta convencerse que el animal no estaba por allí. - Cómo fue que llegaste aquí?
- No te dije que te quedases con mi caballo? - Con dos pasos largos, el escocés se aproximó y se colocó de rodillas al lado de ella. - su caballo está extenuada.
Después de darle una palmada a la mano que él le ofrecía, Fleurette se puso de pie. Una fuerte puntada en la espalda le hizo decir entre dientes :
- No fue culpa de Filie. Ella se asustó con algo.
- No, claro que no fue culpa de ella, mujer temeraria. Por casualidad nadie nunca te enseñó como lidiar con un animal sensible como tu yegua? Si alguno de mis escuderos maltratase a un animal así, le rompería el culo a patadas...
- Fuiste vos! - ella exclamó, para entonces gemir de dolor que sentía en la pierna cuando quiso dar un paso.
Levantándose, Killian frunció la frente en señal de sorpresa antes de preguntar :
- De qué estás hablando ahora?
- Fuiste vos quien asustó a mi yegua al salir de los bosques como un lobo taimado! Qué pretendías hacer? Matarme? Quieres tanto quedarte con esas tierras que serías capaz de cometer un homicidio? - Ignorando el dolor de la pierna, Fleur dio un paso en dirección a él. - Era ese el plan, Hiltsglen? O tu propósito solamente era darme un buen susto? Pues si ese es el caso...
- Escúchame , muchacha...
Como si no se diese cuenta que había sido interrumpida, Fleurette retomó a lo que iba diciendo:
- Pues si tu intención era asustarme, quiero que sepas que no me intimido tan fácilmente. - Ella clavó la punta del látigo en el pecho , que se había partido en dos y ahora más parecía una rama seca. - Yo no tengo miedo de...
- Escúchame, muchacha - repitió Killian, antes de agarrarla por el brazo y traerla para más cerca .
Colocando la palma de la mano contra el pecho de él, Fleurette intentó apartarse. Pero el escocés dio un paso en dirección a ella mientras afirmaba :
- Vine detrás tuyo para asegurarme que no acabases cayéndote y lastimándote seriamente. Y por el modo en que cabalgabas la yegua en un galope desenfrenado al dejar la propiedad de Gardner, fuiste vos quien asustó a ese pobre animal.
Pasado por un ataque de ira, Fleur se dio cuenta que estaba temblando. Pero como prefería morirse antes de admitir tal hecho a ese hombre insoportable, ella eligió interpelarlo:
- Dónde está tu caballo?
Hiltsglen no respondió.
- Dónde está tu caballo? - ella insistió.
- No tienes por qué preocuparte por él. Aún así , puedes estar segura que yo no sería capaz de maltratarlo como...
- Vos estabas mucho mas atrás cuando dejé la propiedad de lord Gardner. Y yo puse una buena distancia entre nosotros cuando tomé el camino. Cómo demonios lograste alcanzarme?
- Como ya te dije más de una vez, no debes juzgar solamente por las apariencias.
- Vos cortaste camino por entre los bosques, cierto?
El se quedó mirándola por algunos instantes, luego desvió la mirada, indagando:
- Y si fuese así?
- Esos bosques son densos y traicioneros. Ni siquiera Filie sería capaz de atravesarlos con esa velocidad y desenvoltura.
- Parece que no sabes evaluar un caballo tan bien como te imaginas, señorita sábelo todo.
Fleurette frunció las cejas. O se equivocaba, o ese escocés gigante había abandonado a su caballo en algún punto del camino para cortar camino a pie por los bosques hasta alcanzarla. Y si había fuera así. .. Santo Dios, qué clase de hombre lograba correr casi tan rápidamente como un caballo?
- Quién sos? - ella preguntó.
Cambiando el peso do cuerpo de un pie al otro, él pisoteó unas fojas secas que debían haber estado allí hacia siglos.
- Ya te olvidaste, muchacha? Fuimos presentados, no te acuerdas? Soy sir Killian de Hiltsglen, y vos , la bella y ambiciosa baronesa que...
- Y por qué diablos hablas de esa manera?
- De qué manera? - La cicatriz que le cortaba la ceja era un algunos tonos más clara que su piel trigueña. - No hay nada de malo o raro en el modo en que hablo.
- Vos hablas de un modo medio anticuado. Y con un acento que...
- Es como se habla en las Highlands . - él ladeó la cabeza a un lado, lo que evidenció el hecho que sus cabellos castaños a la altura de los hombros, un estilo absolutamente inusual para los patrones de la moda, se habían soltado de la tira de cuero que antes los sujetaba en una cola en la nuca. - Y los hombres de las Highlands , los verdaderos hombres, no pueden permitir que una dama cabalgue sola por una región peligrosa.
- Entonces no me equivoqué ... - murmuró Fleurette, sintiendo su asombro mezclarse con algo de aprensión. - Me alcanzaste corriendo a pie.
Una vez mas , el escocés no respondió.
- Porque... - ella no logró reprimir la sonrisa que le afloraba en los labios - porque su caballo no está a la altura de mi yegua.
Inmóvil, él permaneció callado.
- Admítelo , Hiltsglen. - Fleur ahora se reía con ganas. - Tengo razón , verdad?
- Si. - Dándose vuelta , él caminó hasta Filie, quien los observaba con las orejas inquietas, y pasó la mano por el cuello de la astuta yegua. - Además de ser muy bello, este animal también es bastante astuto.
- Es bueno que nunca te olvides de eso. Sé que... Espera. Qué estás haciendo? - Al verlo tomar las riendas cortadas de Filie y prepararse para sacarla de allí, Fleurette fue al encuentro de ellos, pero el dolor que sintió en la rodilla la hizo detenerse y morderse el labio. - Dónde piensas que vas con mi caballo?
- Piénsalo. Seguramente una mujer inteligente como vos puede descubrirlo . - Con eso él se internó en el bosque al margen del camino y no demoró en desaparecer de vista, llevándose a Filie de Vent.
Resollando y meneadores, la yegua alternaba los golpeteos de los cascos sobre la senda de tierra con un ritmo cadencioso. Parecía una bailarina. De cuando en cuando, volvía sus grandes ojos negros a Killian y mordisqueaba el freno de metal que tenía en la boca.
- La verdad es que su ama debería haber sido más cuidadosa con vos. .. y con ella misma - Killian descargaba su enojo . - Una mujer inteligente como la baronesa tiene que ser mas controlada.
La yegua sacudió la cabeza, agitando el freno .
- No es mi culpa si ella se cayó - continuó Killian. - Yo se lo advertí, vos sos testigo. Ella sabe cabalgar, vos sabes que yo nunca negué eso, pero es una muchacha temeraria .Vos la conoces mejor que yo. Temeraria y orgullosa.
Sin dejar de sacudir la cola mientras seguía el monologo, Filie levantó un poco más la cabeza.
- Me parece que es igual que vos - él observó, extendiendo el brazo para acariciarle las crines.

En respuesta, la yegua movió sus orejas un par de veces.
- Y yo también soy así , debo admitirlo. Pero eso no le da el derecho de obligarte a salir corriendo desenfrenadamente por los caminos.
Filie volvió sus ojos en dirección al norte. Briarburn estaba allí, un poco mas allá de la curva de la senda: la casa de tiempos remotos .La casa hecha de piedras, los establos, también antiguos, pero igualmente dignos de aprecio y respeto. El lugar era muy bonito, enclavado en las inmediaciones de un bosque centenario, circundado por majestuosos campos verdes. Killian ya lo conocía. Aunque no recordase cuando, estaba seguro que ya había estado en ese lugar.
Todo allí ahora estaba envuelto por una serenidad bucólica, pero siempre habría sido así? Era imposible decirlo , pues la impresión que él tenía era la de haber visto ese lugar con otros ojos, de una otra manera, en otro tiempo que en nada le hacía recordar al presente. La irritación por la ausencia de respuestas sobre lo que estaba pasando lo llevó a murmurar un palabrota .
Pero antes de dejar que las preguntas se acumulasen en el interior de su cabeza como un remolino doloroso, Killian trató de convencerse que las explicaciones vendrían solas si él así lo permitiese.
Para eso, primero trataría de descubrir todo lo que fuese posible relacionado con la baronesa que había dejado a pie. Era muy probable que, de ese modo, acabase por develar la verdad y que acabase sabiendo por qué se hallaba en esa época y en ese lugar. Y cuando todo estuviese esclarecido, trataría de hacer lo que fuese preciso, como siempre había sido su costumbre hacer.
- No estamos muy lejos - dijo él, volviendo a mirar a la yegua. - Son dos centenas de metros o un poco más hasta allá. Llegaremos en un abrir y cerrar de ojos, mientras tu ama todavía tiene una buena caminata por delante.
La mirada con que Filie respondió venía cargada de acusaciones.
- No te preocupes, pues ella no es tan frágil como parece - continuó Killian, por más que odiase la sensación de estar disculpándose. Entonces , meneando la cabeza, le comentó a la yegua : - Mujeres... ellas juegan con nuestro corazón mientras traman nuestra debacle.
La yegua bufó.
- Oh, si. Está bien, admito que tal vez haya sido un error dejarla a pie. Un caballero no debe tratar a una dama con tanta falta de respeto.
Entonces suspiró. La confusión en que se veía metido era sencillamente atemorizante . Todo parecía estar fuera del lugar. Sin embargo no se animaba a expresar en voz alta esa sensación angustiante. Después de todo , confiar en sí mismo era la clave de la supervivencia; flaqueza era lo misma que la muerte.
Bien, por lo menos así solía ser en su mundo. Pero en este mundo en que se encontraba ahora? Desde que se había despertado solo junto al camino días atrás, nada tenía mucho sentido. De algunas cosas todavía se recordaba, pero el resto permanecía envuelto en una nube de inseguridades.
- Las reglas de la caballería... - Killian reflexionó mientras la yegua avanzaba por el camino de piedras que llevaba a Briarburn - Parece que han desaparecido .
En ese instante un hombre dejaba la casa rápidamente para ir en dirección a ellos, rengueando en una de sus piernas y con un perro anaranjado siguiendolo.
- Mi lady! - el hombre venía gritando por el camino. - Dónde está mi lady?

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