domingo, 26 de julio de 2009

EL BARBARO - LOIS GREIMAN - CAPITULO 27

CAPITULO 27




- No grites, por favor. - Pero al darse cuenta que Fleur ya tenía los labios entreabiertos, o de asombro o porque realmente planeaba llamar la atención del cochero, Killian la colocó sobre su regazo y le tapó la boca.
Fleurette se dio vuelta hacia él, el asombro en los aturdidos ojos verdes resaltado por la súbita palidez de su piel. La pequeña lampara de aceite colgada del techo del carruaje derramaba luces y sombras sobre la expresión perpleja de la baronesa. Killian se quedó callado por algunos momentos, esperando que ella se recobrase del susto. Entonces , retirando la mano con que le cubría la boca, indagó :
- Está más calmada?
Los ojos de ella chispeaban más que estrellas. A pesar de las incómodas emociones que resonaban en su interior, él casi llegó a sonreír ante la ira que veía crecer en los bellos ojos verdes.

- Qué diablos estás haciendo aquí? - La voz de ella era áspera, y sus mejillas tenían un rubor difuso.
- Vine a hacerte algunas preguntas.
Fleurette frunció las cejas en una expresión airada.
- En ese caso deberías haber pedido una entrevista en mi oficina, sir Killian, o ...
- El asunto que me hace buscarte requiere cierta privacidad.
- Privacidad, haceme el favor. - Recordando las palabras del barón, Fleur se enmendó : - Si le contase a Stanford que vos. ..
- Stanford! - A pesar de las circunstancias, Killian no contuvo una carcajada. Y poco le importó que su risa sonase ruda, casi provocadora. - Qué crees que tu elegante Stanford haría por vos, muchacha ?
- No creo, estoy segura que él vendría en mi socorro si yo se lo pidiese.
- Ah. - Era mucho más fácil reprimir una carcajada irónica que controlar el deseo que tenerla en su regazo le provocaba. Era evidente que se había precipitado al acomodarla sobre la parte alta de sus muslos, pues ahora apenas lograba pensar con claridad. -Yo no creo que el barón corriese a defenderte de cualquier amenaza.
- Tu comentario sólo prueba que estás muy mal informado. Stanford ha venido en mi socorro en más de una ocasión.
- Y últimamente, qué él ha hecho para ayudarte? Además, qué clase de problema te está perturbando, muchacha ? Tu perrito se escapó de tu casa? O es un foeniculum vulgare que no floreció en tu jardín ?
- Foeniculum... - De tanta rabia, ella sacudió la cabeza. - no tengo la menor idea de lo que...
- Ese es el término en latín para llamar a la hierba dulce. Si no te matases trabajando, tal vez tendrías tiempo para aprender un poco más acerca de las plantas que crecen en tu. ..
- Plantas! - Fleurette lo miró con desdén Y qué diablos sabe un caballero de la realeza sobre plantas?
- Pasé algún tiempo en el jardín junto a... - Antes que acabase diciendo lo que no quería, él eligió cambiar de tema. - Lo que importa es que el indolente del barón no es suficiente hombre como para...
- Lord Lessenton es extremamente amable y bondadoso, y eso no es un indolente.
- No, quizás es indolente por falta de fuerza física .
- No es la fuerza física lo que hace que un hombre sea hombre - señaló Fleur antes de darse vuelta un poco más hacia él. La cólera que la invadía apenas la dejaba darse cuenta que presionaba el miembro ya entumecido debajo de su cadera.
- A decir verdad, muchacha, creo que un hombre es el reflejo de su contextura física. - Killian se esforzaba para no pensar en la erección que casi lo llevaba a tropezar con las palabras. - Por casualidad crees que tu simpático Stanford tenga un poco, un gramo aunque sea, de hombría?
- Apuesto a que él es el tipo hombre que a vos te gustaría de ser.
- Porque tiene cabellos rubio dorado y porque baila con modales refinados? - devolvió Killian con la misma aspereza.
A punto de gruñir con irritación, Fleurette dejó el regazo de él para irse a acomodar en el asiento de enfrente y desde allí lo interpeló :
- Sé franco, sir Hiltsglen, vos sólo viniste a buscarme para vanagloriarte de tu extraordinaria fuerza física?
Aún acalorado por el calor abrasador que ella había dejado en sus muslos, y especialmente en el bulto de su entrepierna, Killian sólo logró sacudir la cabeza para decir que no.
- Porque si ese es el caso - Fleur ya volvía a la carga -quiero aclararte que ya estoy harta de los hombres que hacen uso de sus puños para controlar a los otros.
El estaba a punto de hablar, ya listo para defenderse, cuando la dimensión de esas palabras lo alcanzó como el impacto de una bofetada. A pesar de eso, permaneció cal-lado, estudiando el rostro de ella a media luz . Era evidente que Fleurette se había arrepentido de lo que había dicho: estaba escrito en sus bellos ojos que, si pudiese, ella se tragaría todas las palabras y nunca más volvería a tocar ese tema.
Killian examinó su rostro por algunos instantes, luego preguntó :
- Qué estabas diciendo, muchacha ?
Respirando profundamente , ella levantó el mentón como si se preparase para una confrontación.
- Decía que no sos mas que un arrogante. Quién te dio el derecho de decidir con quien debo bailar o ...
- él te golpeaba ? - Aunque Killian intentase usar un tono moderado, su voz sonaba demasiado áspera.
- Qué?!! - sin notar que se encogía, Fleur se agarró al asiento con ambas manos como si temiese caer. Sus dedos estaban blancos. - De qué estás hablando?
- De tu marido. él te lastimó de alguna manera ?
- No. Claro que no. - Antes lívido, el rostro de ella estaba ahora cubierto de rubor. - De dónde sacas esas preguntas tan sin sentido?
En vez de responder, él continuó estudiándola en un silencio reflexivo. Al sentir que el corazón amenazaba con saltarse por su boca, Fleurette se forzó a reír.
- Sinceramente, sir Hiltsglen, parezco el tipo de mujer que toleraría malos tratos?
- No, no me parece. Al contrario, aparentas ser una persona muy fuerte y decidida. Aún así no puedo dejar de preguntarme por qué te pusiste tan mal de un instante para el otro.
- Mal , yo? - ella se encogió de hombros, y hasta ese leve movimiento era rígido. - Soy lo que soy y como soy, escocés. Si eso te incomoda o te intimida, no ...
- Vos no me intimidas. - Killian inclinó el torso hacia adelante . - Vos me deja haces calentar con tu. .. - Obligándose a callarse, volvió a recostarse en el asiento a su espalda. - Dónde él está sepultado?
- Como ya te dije, Thomas se ahogó. - Fleur ahora estaba inmóvil. Incluso su mirada había dejado de moverse de un lado al otro, para ir a fijarse en las manos que en ese momento descansaban sobre su falda. - El cuerpo de él nunca fue encontrado, y eso es algo que también ya te había contado.
- Nunca?
- Cuántas veces voy a tener que repetir la misma cosa? - Percibiendo el modo exaltado con que hablaba, Fleurette bajó la voz para agregar: - Este no es un tema que me haga bien, sir Killian. Además, me parece cruel de tu parte insistir en un recuerdo que me causa tanto sufrimiento.
- Cruel como él fue con vos?
Los ojos da baronesa saltaron a los de él, pero en seguida ella volvió a bajarlos a sus propias manos.
- No tengo idea de lo que quieres decir con eso.
A pesar de no llamarla de mentirosa, Killian estaba seguro que ella no decía la verdad.
- Por qué no dormías en el cuarto que compartías con él?
- Cómo ? - La voz de Fleur era poco más que un susurro.
- Por qué en vez de continuar en los aposentos del lord de la propiedad eligiste instalarte en el dormitorio que queda al final del corredor?
- No es asunto tuyo donde duermo o dejo de dormir. Y me parece mejor que tebajes ya mismo de este carruaje.
La baronesa tenía algunas mechas de sus cabellos caídas en pequeños bucles sobre sus hombros blancos. Y sus pechos!... La erección que lo atormentaba se hizo.
-Ni los hombres afeminados que hay Londres podrían ser tan tontos como parano enamorarse de una mujer como vos.
- Yo... -Fleurette sacudió la cabeza en un gesto de asombro - No sé si es mi impresión mi, o ... Por casualidad me estás elogiando, Hiltsglen?
- No soy un hombre de palabras elaboradas. Siempre que diga algo , puedes estar segura que no se trata de una adulación vacía, sino de una opinión dicha sin vueltas y sin ningún refinamiento.
- Bien. .. Es bueno saberlo . - Aún reprimiendo una risita nerviosa, ella parecía un poco más calmada, más segura de sí misma. - Dime, Hillian, qué viniste a buscar?
- Quería saber la verdad.
- En relación a qué, exactamente?
- Vos duermes sola y estás sola porque los recuerdos de tu marido son demasiados buenos o insoportablemente dolorosos?
- Mi marido era un auténtico caballero.
- Conocí varios hombres a quienes la gente se referían como "caballeros". Y, por lo que pude saber, casi todos eran responsables de grandes sufrimientos.
Ella pestañeó como si estuviese confundida, pero a continuación pareció recomponerse. Entonces se puso a alisar su falda.
- O me equivoco enormemente, o vos estás absolutamente loco, sir Hiltsglen.
- Es posible. A decir verdad, yo mismo evaluaba esa posibilidad unos días atrás. Pero una cosa puedo declarar con toda convicción: jamás golpeé a una mujer.
- Por qué estás suponiendo que...
- Cuando vos hablas de él , tus ojos se llenan de miedo.
Ella se rió.
- Lamento no poder coincidir, pero vos no estás capacitado para ver lo que de hecho hay en mis ojos, sir... - Fleurette se asustó al verlo golpear con la mano abierta el asiento .
- Por qué diablos no puedes llamar a un bastardo , bastardo?
- Porque cada uno es como es!
Killian no dijo nada. Cubriendo su boca con la mano protegida por el guante, la baronesa se quedó mirándolo con una mirada atónita, sus dedos temblaban contra sus labios igualmente trémulos. Por un instante, ella permaneció absolutamente inmóvil, pero finalmente bajó la mano y se recostó contra el respaldo .
El continuó callado.
- Y si Thomas no fuese un marido perfecto... - volvió a empezar Fleurette al sentir que el silencio amenazaba con asfixiarla. - Eso dice más sobre mí que sobre él, no?
Una tristeza infinita, remota como el tiempo, oprimía el corazón de Killian. En ese momento, sólo lo que quería era tomarla en sus brazos y... No, para qué martirizarse con pensamientos absurdos? Tratando de recurrir a su frialdad, Killian comentó sin entusiasmo:
- Eso dice que te casaste con un perfecto idiota.
Refrenando una sonrisa , ella comentó :
- Vos sos un hombre muy difícil de descifrar.
- Soy lo que estás viendo. Ni más ni menos.
- Qué viniste a hacer aquí?
Por poco Killian no se rió. Por Dios, si al menos supiese...
- Háblame de tu marido, muchacha.
- Kendrick te contrató ?
- Kendrick? - Pensativo, Killian entrecerró los ojos. - El hombre que te atacó la noche que nos conocimos?
Fleur asintió .
- Si fuese así, por qué te ayudé a librarte de él?
- Killian eres más astuto de lo que pretendes aparentar.
- Tu idea no es absurda, pero no se corresponde con la verdad.
Ahora ella sonreía abiertamente.
- Soy lo que estás viendo - repitió Killian.
- Y qué es lo que estoy viendo?
Cerrando los puños como forma de contener el impulso de tocarla, él afirmó :
- Estás viendo a un guerrero empeñado en descubrir la verdad. Quieras o no quieras.
- La verdad ? - Fleurette suspiró profundamente y cerró os ojos por un instante, dando la impresión de estar muy cansada. - La verdad casi siempre es algo que se nos escapa con increíble facilidad, escocés. La verdad es resbaladiza y peligrosa.
- No te preocupes . De un modo o de otro, la descubriré.
Ella volvió a reír, luego preguntó :
- Te imaginas que hay algún secreto sombrío para ser descubierto?
- Tal vez .
- Entiendo . - Súbitamente, la baronesa se puso bastante seria. - Qué es preciso?
El agudizó la mirada mientras intentaba entender el significado de esa pregunta.
- Para convencerte de que te vayas de aquí y nunca más vuelvas - explicó Fleur, levantando el mentón. - Qué quieres?
En el pasado, Killian había conocido otra mujer así. Igualmente arrogante, igualmente peligrosa. Sólo eso, y ningún otro motivo mas, sería suficiente para llevarlo a odiar a la baronesa, pero el sentimiento que ella le despertaba en nada se parecía al odio. Absolutamente en nada. Era una emoción nueva, sin nombre, un deseo vivo y vehemente que lo consumía desde las entrañas. Pero por más que ansiase protegerla, abrazarla, o tocarla hasta el alma, no sería tan estúpido como para admitir semejante fragilidad. Porque la debilidad mataba.
- Creo que ya dejé bien claro lo que deseo, muchacha.
La mirada de la baronesa era sombría.
- Por casualidad te estás imaginando que estoy detrás de tu dinero? - él preguntó.
- Y qué más podría ser?
Killian no evitó una risita sarcástica. pues aún ahora, convencido de que jamás podría poseerla, no lograba pensar en otra cosa que no fuese tenerla entre sus brazos, en su cama, en su vida.
-Es posible que los hombres hayan cambiado tanto a través de los siglos? - Killian habló consigo mismo.
- Cómo?
- Realmente crees que puedo preferir tu dinero a tu. .. - Abriendo las manos lentamente, las dejó caer sobre sus muslos.. - Cómo bien debes saber, eres irresistible.
Como interrogándolo, Fleurette ladeó la cabeza a un lado.
- Siento contrariarte, pero estás completamente equivocado. En verdad, los hombres no tienen la menor dificultad para resistirse a mis... encantos, digamos así. Ahora, en relación a mi cuenta bancaria...
- Fleur eres la encarnación de la belleza.
Probablemente ella planeaba decir algo, ya que entreabría los labios, pero parecía que la voz no le salía.
- Ninguna mujer puede llegarte a los talones.
- Yo solamente... - Fleur se rió. Pero su rostro estaba todo ruborizado. - No sé qué es todo esto. ..
- Vos como una Diosa de la antigüedad. Sólo de verte apenas puedo respirar.
Los ojos de ella estaban sorprendidos y brillantes.
- Y no hay que desee más que tenerte en mis brazos, aún sabiendo que para mí vos tal vez signifiques la muerte.
- Muerte?
- El no se ahogó.
- Cómo?
- Tu marido, el barón de Briarburn. No se ahogó. - Killian extendió el brazo para acariciar el rostro de ella.
- Por qué estás diciendo eso?
- Porque es la verdad. Ahora debo descubrir como fue que él murió.
- No sé de lo que estás hablando - retrucó Fleurette en un susurro nervioso. - Nosotros estábamos en el río. Yo me descompuse y tuve que dejar a Thomas solo en el bote.
- Muchacha, yo ya sé que él no era lo que aseguras.
- Vos no sabes nada. Nada de nada. Thomas se ahogó. Mientras yo me encontraba en la orilla del río. El. ..
- Muchacha. .. - Killian intentó tocarle el rostro nuevamente, per ella se movió hacia el otro lado del asiento.
- Aléjate de mí - Fleur le advirtió -, o voy a gritar para que Horace venga a ayudarme.
- No hagas eso. No quiero lastimar a tu cochero.
- Entonces , bájate de aquí. Sal de este carruaje. - De un instante para el otro los ojos de ella estaban asustados. - Desaparece de mi vida y no vuelvas a presentarte nunca más. Te lo pido por favor .
- No puedo hacer eso.
Killian intentó agarrarle el brazo, pero Fleurette se apuró a abrir la puerta en el instante en que sintió el carruaje detenerse. Y entonces salió corriendo de allí.

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